Los británicos tienen una palabra más complicada que la nuestra -el despatarre- para definir a los hombres que abren sus piernas en metro y guaguas, más que nada para rozar a las señoras de al lado y para ir más cómodos: manspreading. Pues bien, la alcaldesa de Madrid, Manuela Carmena, que a mí cada vez me cae mejor, va a colocar carteles en los transportes públicos para pedir a los varones que no se despatarren en sus asientos y a todos los pasajeros que no coman ni beban en autobuses y metro y que escuchen música a través de auriculares, para evitar la escandalera. Y me parece muy bien. Este es un país de salidos -más que Rusia, que ya es decir, hasta Boris Yeltsin lo era, ¿no recuerdan?- y necesita de avisos para que, sobre todo los varones, se comporten y no hagan el ridículo, respeten a los demás y no sean caraduras. El manspreading, no crean, es también muy común en el Reino Unido, un país que tiene fama de educado y de gentlemen y de todo eso, pero que agüita cuando el personal se desmadra. Yo conocí a un tipejo canario que vivía en Londres y que se metía en los probadores de Mark and Spencer a mirar a las mujeres que se probaban la ropa. Allí son muy descuidadas, parece, y dejaban la cortina a medio cerrar y el golfo aquel haciendo de las suyas. Y luego lo contaba. Así que en todos sitios cuecen habas. Estas medidas de Manuela Carmena me parecen muy adecuadas. Ya está bien de “rabinos” en los metros y de personas aprovechadas que atentan contra la dignidad de los demás en los transportes públicos. Hay verdaderos profesionales del rabinaje. Un lugar de entrenamiento -de reconocido desprestigio universal- era el callejón del Corynto, en los Carnavales de Santa Cruz. Pero el Carnaval es también transgresión consentida, sin pasarse.
Stop al despatarre
Los británicos tienen una palabra más complicada que la nuestra -el despatarre- para definir a los hombres que abren sus piernas en metro y guaguas, más que nada para rozar a las señoras de al lado y para ir más cómodos: manspreading
