al fin es lunes

Tenerife, al lado de Macondo – Por Ángel Arenas

Este Carmelo me tiene loco. Pues no se le ocurre que le busque Macondo en el mapa y averigüe si es verdad, como le han contado, que Macondo está al lado de Tenerife

Este Carmelo me tiene loco. Pues no se le ocurre que le busque Macondo en el mapa y averigüe si es verdad, como le han contado, que Macondo está al lado de Tenerife.
Lo cierto es que le hice caso, tomé un avión a Santa Marta, al norte de Colombia, y seguí el camino que va a Aracataca, donde nació Gabriel García Márquez, el autor de Cien años de soledad.
Tenía que encontrar en el camino la dichosa finca, Tenerife, que está al lado de Macondo. Y la encontré, vaya que si la encontré. Allí estaba, rodeada de cafetales y platanales, ubérrima, encerrada, como Colombia, en un verde resplandeciente y lujurioso.

Lo extraordinario de Colombia es que es verde siempre, aun en los lugares más desérticos. Siempre hay un árbol surgiendo, una hierba que se enreda, una risa o una sonrisa debajo de un árbol, una mujer enamorando, un hombre cortejando, todo es ubérrimo, hasta el deseo.

Y Tenerife es esta finca al lado de Macondo, que también fue una finca en la que se fijó García Márquez para darle nombre al mundo mítico que tiene su apogeo en aquella hermosa novela, Cien años de soledad, de cuya publicación azarosa hace ahora medio siglo.

Todo el mundo está ahora leyendo la dichosa novela, porque las conmemoraciones son muy buenas para la relectura. Y como el director del DIARIO DE AVISOS habrá tenido urgencia en leerla me mandó a buscar los rastros de esta hermosa geografía en la que es posible imaginar cualquier cosa, del cielo y de la tierra.

Le dije a Carmelo por teléfono, de todos modos, que se fuera olvidando de la magia. Todo lo que aparece en Cien años de soledad está a la vista en Aracataca; desde los personajes de Macondo, esos hombres cansados de esperar como el coronel de El coronel no tiene quien le escriba a esas mujeres de miradas glaucas que cruzan como espectros el universo en el que han sido depositadas para mirar cómo los hombres se mustian.

¿Y Tenerife? Pues una finca más. Me dijo Carmelo:

-¿Puedes preguntar por qué en lugar de Macondo no llamó Gabo Tenerife a ese enclave de su imaginación?
No lo pregunté, pero le dije que lo iba a hacer. Luego le expliqué que se llamó Macondo porque Tenerife existe en otras partes del mundo; no hay otro Macondo que ese pequeño enclave cerca de Aracataca. Pero si pones Tenerife en una novela la gente va a creer que el lugar existe y está en Canarias. Tampoco podía llamarse Aracataca, porque existe.

-Pues qué poca vista tuvo Gabo. ¡En Tenerife el Cabildo pudo ponerle casa!, dijo Carmelo, tirando para su casa.

-¿Y para qué quería Gabo una casa en Tenerife si él prefería el Caribe?, le respondí.

-¡Tenerife -gritó Carmelo-es el Caribe con menos negritos!

Y se echó a reír como los de Duggi. Je je je.

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