¡Vaya semanita! Como estoy de exámenes me había propuesto dedicarle a la actualidad el menor tiempo posible. Unos telediarios y algún chute de Lo que se avecina para desengrasar. Pero el hombre propone y la coyuntura dispone. Además, yo debo de tener un radar para detectar lo esperpéntico.
Lo cierto es que en una de mis transgresiones al propósito de aislamiento me topé con una mamarrachada tal… Juzgue usted: una asociación feminista granadina convoca a sus seguidoras a un acto para lograr el “empoderamiento femenino y la sanación del útero”. Así, tal cual. Y para ello les piden que traigan consigo su sangre menstrual en un “tarrito de cristal”. Objetivo: para conseguir tal empoderamiento y sanación el truco está en hacer dibujos orientales usando la sangre de su regla como tinta.
Después de este capítulo escatológico, pase y vea el talante feminista con el queintenta disfrazar su tontuna semanal el Ayuntamiento de Madrid, que ha impreso carteles pidiendo a los varones que no se despatarren cuando se sientan en la guagua, que no abran las piernas demasiado. La imbecilidadse hace estratosférica cuando explican el porqué de tal exigencia: al parecer, los hombres se espatarran “porque se les ha transmitido una idea de jerarquía y de territorialidad”. Ya lo había dicho antes una portavoz de la CUP: “Invaden el espacio vital de las mujeres, en una muestra de machismo y microagresión”. Para mear y no echar gota.
¿Y qué me dicen de esto? Al universo podemita no le ha faltado sino linchar a Amancio Ortega por donar 320 millones de euros, destinados a la compra deequipos de lucha contra el cáncer para hospitales públicos. Menos mal que a estos pájaros los conocemos bien, y ya sabemos que si uno de ellos enferma cambiarán el discurso y se acogerán a la generosidad del millonario gallego, que no tenía ninguna obligación de ser tan espléndido. Desde el mundo médico todo son parabienes sobre el gesto del propietario de Zara. Es lo que tiene preocuparse de verdad de la gente.
Menos mal que la semana ha acabado con una lección conmovedorade fe y esperanza. La de Ignacio Echevarría, el madrileño que no dudó en poner en regalar su vida para salvar la de una persona agredida por los hijos de las tinieblas. Y la de su familia: “Algo muy triste y muy duro se está convirtiendo en algo más bonito y muy grandioso”, dijeron. Muchos medios se olvidaron (¿se olvidaron?) de decir que tanto Nacho como sus padres y hermanos son creyentes y practicantes católicos. Que su serenidad no proviene de una tortilla de trankimazín. Que la largueza del joven devorado por las fieras no es fruto de la casualidad, sino de una forma de entender la vida y al ser humano que se acuna en la experiencia de Dios.
Ha sido una semana de muchas mamarrachadas, que al principio pueden hacer gracia, hasta que retuercen el alma al ver que tienen audiencia y que en ellas se invierte dinero y se ahogan esperanzas. Pero luego viene lo de Nacho, que es como un espejo del Dios Uno y tres veces Uno, comunidad de besos y abrazos, pozo de misericordias que se contagian a los que tienen hambre y sed de justicia. Has sido lo mejor de mucho tiempo, Nacho.
@karmelojph
Un útero empoderado y un héroe creyente
¡Vaya semanita! Como estoy de exámenes me había propuesto dedicarle a la actualidad el menor tiempo posible
