Fíjense que hasta en las profesiones que deberían ser más respetables -como la de los fiscales- se ha puesto en marcha el ventilador de la mierda. Y ha cogido de lleno al fiscal jefe anticorrupción, Manuel Moix. Al gran corregidor, que diría mi primo José Luis Bas Rojas, paz descanse. Y el pueblo -y sus compañeros, o muchos de ellos- piden que dimita, ya no porque tener el 25% de una cuenta en Panamá, que conoce la Hacienda española, sea ilegal, sino que dimita por estética. En un país de corrupción rampante, hasta la gente honrada, como este fiscal, debe dimitir ¡por estética! Siempre pasamos del rosa al amarillo con una facilidad pasmosa.
Ocurrió con el pacatismo al destete; con la ley de vagos y maleantes a hacer ruindades en la calle, como el Cojo Manteca, sin que le pasara nada por romper farolas. Le ocurrió al pobre Soria, al que un balbuceo mañanero sobre una cuenta offshore heredada de su padre, en la que no había un euro, le costó el cargo de ministro. No lo apoyó ni su amigo Rajoy, acojonado con la mierda del ventilador de la izquierda. Pablo Iglesias tiene una cuenta en el extranjero y no le pasa nada. El tal Echenique no le paga -lo que debería- a los que lo cargan, ni los adscribe a la Seguridad Social, y sigue en el mismo sitio. Como a Rajoy, o a Moix, se les ocurra pagar diez euros menos a la criada, agárrense. El ventilador de la mierda, que es una máquina nacional habitual y bien engrasada, se ha puesto en funcionamiento desde dentro mismo de la Fiscalía Anticorrupción. Va a salpicar lo mismo que el huevo que le tiraron al sindicalista de los taxis y manchurrió la coleta de Pablo Iglesias, que pasaba por allí a montar el pollo. Por cierto, Moix ya dimitió.
