A pesar de mi amistad con Paco Martínez, yo creo que uno de los mejores caricaturistas de la historia de estas Islas, jamás hizo de mi cara una ironía en una de sus pinturas. Sí la hizo, y con éxito, Harry Beuster, en una galería que publicaba en El Día, creo que los domingos. Cuelga de la pared de mi despacho ese dibujo. Ahora, con un estilo un poco más negro, más diabólico, ha repetido la experiencia mi viejo amigo Zoilo López, un tinerfeño de La Cuesta que reside en Cataluña desde hace muchos años. Me han gustado sus apuntes, los he guardado. Me parezco un poco al señor Scrooge, el personaje del cuento de Navidad de Charles Dickens, el viejo avaro. Pero es su estilo. Harry Beuster era más redondo, Zoilo más cruel. Pero me han gustado sus bocetos, que han ido al libro de los artículos del mes, convenientemente “protocolizados” en tomos. Ya saben que soy muy ordenado. Una vez, con Pepe Chela, me hice una caricatura en la Plaza Mayor de Madrid, pero esa la perdí y por más que la busco no la encuentro, aunque la recuerdo perfectamente. Lamento que los nombres que cito en este artículo casi diario no aparezcan en negrita, como era mi costumbre en este y en otros medios. El otro día, hablando sobre esto con Lucas, el editor, y con Carmelo, el director, me dijeron ambos que no se lo explicaban, a pesar de mis reiteradas protestas -y creo que las suyas-. Ya no es como antes, cuando en los periódicos quienes mandaban eran los autores, los editores y los directores. Ahora imponen su ley los maquetistas. Es curioso. Cuando yo publicaba en El Día tuve que acudir más de una vez a mi amigo Pepe Rodríguez, a quien Dios tenga en su gloria, para que me colocaran las negritas. Y Pepe vociferaba: “¡Pero si ya he dado la orden!”. Nada.
