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Noemí

Qué nombre tan bíblico tiene la líder de Podemos en Canarias. Me encantó el Tercer Grado al que la sometieron los redactores (y redactoras) de este periódico

Qué nombre tan bíblico tiene la líder de Podemos en Canarias. Me encantó el Tercer Grado al que la sometieron los redactores (y redactoras) de este periódico, cuyo trabajo apareció publicado el domingo y el lunes. Leyendo el texto veo que Noemí Santana acusa a Fernando Clavijo, presidente de la Cosa, de “micromachista” (sic). Yo no sabía que existía esa subdivisión en el nomenclátor de la nueva y entusiasta izquierda española. Pero la bella Noemí me ha sacado de dudas. Yo, la verdad, lo que soy es “machinista” (de don Antonio Machín), así que no me tengo que dar por aludido. Cuando esta izquierda, de portada y lanzada, se refugia en el machismo es mala cosa, porque el personal ve a las/los protagonistas (no puedo escribir protagonistos, sería incorrecto) como a la defensiva y entonces va y no los/las votan. Me estoy armando un lío, a la vejez, desechando el género epiceno, que simplificaba tanto las cosas. Ahora nacen palabros como “micromachista” -¿qué coño/coña quiere decir esto?-.

Para los que tenemos que escribir todos los días y somos acusados de todo, también todos los días, leer las palabras de Noemí es, al tiempo que un soplo de aire fresco, como diría un cursi, un desafío intelectual. Estamos viviendo nuevos tiempos; el piropo se acabó, a la mujer no le gusta; la lisonja se terminó, la mujer la detesta; el palabro machismo se desliza por entre los oropeles de los salones de sesiones. Hasta Ana Oramas lo usa para acusar de -¿micromachista?- al gran Pablo, el de la cola de caballo, el jefe espiritual de Noemí, que en la Biblia era la suegra de Ruth, aquella que se postró a los pies de Booz para que la aceptara como esposa, y cuyo nombre significa dulzura. ¿Será micromachismo aludir a la dulzura de Noemí Santana? Ay.

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