Aparcadas distracciones de libro, órdagos bastante litúrgicos y otras herramientas habituales en cualquier negociación, la pregunta, el asunto que ocupa la pista central del circo, es qué interesa más a Mariano Rajoy. La cuestión es si al ojo de halcón le merece o no tener a los suyos dentro o fuera del Gobierno canario. Tan lógico, previsible y coreográfico es que el PP de las Islas desvincule el acá-allá, como descabellado e insostenible imaginar que Rajoy, con su legislatura conectada a los escaños 175 y 176, se desentienda de las cosas de Coalición.
Los dieciocho segundos que a estas horas están viviendo CC y PP (instantes en que todos creen que ya hay pacto, pero también que no hay nada mientras no se pronuncie el ojo de halcón) acabarán hoy, mañana o nunca, cuando dicte sentencia la balanza de los intereses parlamentarios de Mariano Rajoy.
A sus ojos lo primero, segundo y tercero es tener alineado el voto 175 que da sentido al 176. Siendo así, ¿cómo gestiona mejor Rajoy el apoyo de Oramas en asuntos especialmente sensibles? La siempre inexacta ciencia de descifrarlo anima a pensar que a Rajoy le iría mejor con el PP canario apretando de forma puntual a CC en el Parlamento de acá, desde la oposición, básicamente porque caso de entrar en el Ejecutivo que preside Clavijo, el PP local perderá fuelle como herramienta de presión (aquí) para apuntalar el voto de Oramas (allá).
Algo así debe barruntar Rajoy, y algo parecido deben sospechar los negociadores de Coalición, de ahí que se hayan permitido el lujo de tener a Asier Antona sentado en la sala de espera tantísimas semanas.
Siendo más fácil concluir que finalmente el PP acabará incorporándose al Gobierno, y tentador apostar que habrá pacto, el mal ambiente que se ha generado en las Islas entre CC y PP -sobrepasando los tradicionales roces de negociación- y la decisión final del ojo de halcón hacen que resulte difícil descartar del todo lo contrario.
