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¿Qué querría Gadafi de nosotros?

He contado alguna vez que allá por los setenta, cuando la efervescencia independentista de Cubillo, alentada por Argelia, recibimos Guillermo García-Alcalde, a la sazón director de La Provincia, y yo, que era subdirector de este periódico, una curiosa invitación de Libia

He contado alguna vez que allá por los setenta, cuando la efervescencia independentista de Cubillo, alentada por Argelia, recibimos Guillermo García-Alcalde, a la sazón director de La Provincia, y yo, que era subdirector de este periódico, una curiosa invitación de Libia. Su embajada en España nos brindaba la posibilidad de visitar a Muamar el Gadafi, que nos recibiría en una tienda en el desierto -a Gadafi le entusiasmaban las carpas, no iba a hoteles cuando viajaba, sino que desplegaba en sus alrededores una carpa, muy lujosa-. Llamé a Guillermo y me dijo que él no iba, que no le gustaba nada aquella invitación. Pero yo me animé. Fui a Madrid, visité la Embajada -un sitio tenebroso-, fui atendido por una secretaria española y ella me entregó un billete Madrid-Trípoli, vía Roma, pero sólo el billete de ida. “Allí le facilitarán el de vuelta”, me dijo aquella mujer. Volaría con Alitalia hasta Roma y también hasta la capital libia. Recuerdo que me alojé en el Palace y empecé a darle vueltas a la cabeza al viaje. ¿Para qué coño me querrá a mí Gadafi?, me preguntaba constantemente. Yo era entonces muy crítico con Cubillo, de quien luego fui muy amigo e hicimos varios programas de televisión juntos, entre ellos El Perenquén (Canal 7). Y me acojoné. Metí el billete en un sobre, lo franqueé y lo devolví a la embajada. Estuve varios días en Madrid, aprovechando el viaje. Me habían obligado a traducir mi pasaporte al árabe, lo que hizo un colaborador del Ministerio de Asuntos Exteriores, cuyos funcionarios tampoco veían muy clara esa invitación, aunque no me ponían impedimentos para viajar a Libia, sólo tomaban nota por si tuviera alguna dificultad. Creo que no ir fue una buena decisión. No tenía demasiada importancia la entrevista con Gadafi o a lo mejor desaproveché el reportaje de mi vida. Nunca lo sabré.

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