Puigdemont y Junqueras han tenido sendas erecciones al leer un artículo publicado en The New York Times, favorable a la celebración del referéndum catalán, aunque contrario a la independencia de Cataluña. ¿Y a mí qué? El periódico norteamericano puede cantar misa, pero el referéndum es ilegal y no se va a celebrar. Ya metió su zarpa la prensa americana cuando el sinvergüenza de William Randolph Hearst, el Ciudadano Kane de los cojones, dirigió a su prensa amarilla contra España tras la explosión del USS Main frente al Morro de La Habana.
La gracia costó una guerra y miles y miles de muertos, al meterse los americanos en lo que era un conflicto entre España y Cuba, muy mal llevado por Weyler y por toda su tropa y qué decir, desde España, por políticos cobardes y muy cortos de vista. Ahora, uno de los periódicos que más credibilidad ha perdido en los últimos años de entre los grandes norteamericanos se vuelve a meter en un asunto interno de España, que debe resolver el Estado y el Gobierno de España, no un cronista de un rotativo neoyorquino. Fíjense qué pocos apoyos tienen los políticos catalanes partidarios del procés que se agarran al clavo ardiendo de un artículo de prensa, que además sólo concede un sí al referéndum, aunque da un no rotundo a la independencia. Yo estoy bastante asqueado de esos políticos catalanes, pero también de la tibieza de Rajoy. Aquí el que los ha puesto sobre la mesa es Alfonso Guerra, partidario de medidas más contundentes, como aplicar la Constitución con todo su rigor. Y suspender la autonomía catalana. Lo demás son tonterías, incluido el artículo de The New York Times, que mejor sería que condenara el proceder del ordinario, basto y zafio de su presidente, en vez de estar metiendo la nariz en otros asuntos.
