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Chaves en Chaves

Para celebrar mi 70 cumpleaños, una fecha a la que no pensé llegar, unos amigos me invitaron a la localidad portuguesa de Chaves, frontera portuguesa con Orense, un día de mucho calor y de muchos turistas

Para celebrar mi 70 cumpleaños, una fecha a la que no pensé llegar, unos amigos me invitaron a la localidad portuguesa de Chaves, frontera portuguesa con Orense, un día de mucho calor y de muchos turistas. Ya saben que un brujo me dijo una vez, en la barra del Mencey, que me moriría a los 69, así que le he ganado por puntos, pero ahora recuerdo que el brujo me dijo que “sobre los 69 años”, así que interpreto que todavía no ha fallado del todo. Total, que Chaves me gusta y el primero de mis antepasados que vino a Canarias, a raíz de la conquista, fue un capitán de esta tierra portuguesa, donde hay un jamón distinto, pero estupendo. No se parece nada al serrano nuestro, ni a ninguno de los jamones conocidos. Chaves tiene un castillo precioso, un puente romano, un cuartel y unos lavaderos públicos, junto al río, y la ciudad vieja posee casas muy interesantes y muy antiguas. Me pintaron a mano un ánfora de cerámica portuguesa con el escudo familiar y me lo regalaron esos amigos, lo cual agradezco. Es la tercera vez que visito Chaves; ha crecido mucho, a pesar de la crisis de las fronteras con Portugal, que ya no son un paraíso de toallas y muebles baratos. Cada vez que visito Portugal -también estuve en Oporto, saliendo esta vez por Tui-, siempre me traigo algo para testimoniar mi remoto origen portugués. El próximo viaje quiero hacerlo por Tordesillas, para estudiarme el Tratado de la Raya. Será porque la sangre tira, aunque sea vieja, pero yo quiero mucho al pueblo portugués, a sus gentes sencillas y hospitalarias, con apariencia de pobres. Total, que he hecho mil kilómetros por las carreteras gallegas y portuguesas, con un tiempo estupendo y una compañía agradable y esto siempre le alegra a uno el verano. Chaves en Chaves, pues.

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