Estaba yo de director en funciones en este periódico, un agosto como el de ahora, pero de hace ya muchos años. Había agotado toda mi capacidad, toda mi imaginación, para encontrar una noticia con la que abrir la edición de ese día. Eran ya las doce de la noche y yo cerraba el periódico muy temprano para facilitar la distribución y mejorar las ventas. Los teletipos estaban mudos, sólo apareció una noticia de la escasez de café en los países productores. Abrí con eso, pensando en los cortados que se toman los funcionarios cada día, que hacen ricos a los dueños de los bares. No hay nadie que consuma más café que los funcionarios, ignoro el porqué de la adicción a no ser que sea por las pocas ganas de trabajar de que hacen gala, así dicho en general. Aquella noticia me avergonzaba (abrir con la escasez de café), que luego resultó mentira porque la situación se recuperó y se exportó más café que nunca, con lo que los funcionarios de todo el mundo (de España, desde luego) pudieron pasar un verano feliz, e incluso un otoño sin preocupaciones. Hay días, como el de hoy, en que el mundo enmudece, a pesar de Venezuela, de Cristiano, de Villar y del coñazo de los catalanes. Estos independentistas se creen que Rajoy les va a dejar que celebren su machangada. Rajoy lo tiene todo previsto y el 1-O no se moverá ni una mosca. ¿O no se han enterado los catalanes que Rajoy es gallego? Me levanté despavorido, ahora, a las cuatro menos veinte de la madrugada del martes, porque me di cuenta de que no había enviado este artículo del miércoles al periódico. Hasta me dio tiempo de mandarle un correo a Carmelo Rivero para advertirle de que no habían subido a la red mi entrevista del lunes con María Rozman. No hay nada como la madrugada.
