La mala sombra de la inseguridad jurídica nunca ha sido una buena compañera de viaje, cuanto más lejos mejor; ahora bien, a juicio de un ejército de analistas económicos (y de expertos en neuromarketing) pocas cosas o ninguna hacen tanto daño como la falta de confianza. Cuando el miedo se cuela en el estado de ánimo los inversores adoptan una posición defensiva, bajan los brazos o huyen. El estado emocional que envuelve un país, o una ciudad, Santa Cruz, puede llegar a ser más relevante que un revés judicial. La reacción a un pronunciamiento puede ser incluso más dañina que la mala noticia que ha asomado en los juzgados. Si a la anulación del Plan General de Ordenación se responde con señales que alimenten confianza y tranquilidad, poniendo el foco en las soluciones, se contribuye razonablemente a que la atmósfera económica siga siendo respirable; pero si a raíz de la sentencia se llena el cielo con las bengalas del fin del mundo (como así lo han hecho algunos dirigentes empresariales) el daño crece, empeorando las consecuencias al echar leña sobre el fuego de la inseguridad que tiene a las Islas (también a Santa Cruz, pero no solo) pidiendo a gritos que las incertidumbres se combatan con normativas fiables, interpretadores razonables y confianza. El relato catastrófico que algunos han sembrado retrata un mal negocio para la ciudad -y para sus asociados- porque desvaloriza lo que está en curso, invirtiendo en desinversión al teñir de negro la realidad. El enfado es comprensible, pero no es ni de lejos la respuesta que Santa Cruz necesita. La sentencia ha reavivado un incendio que dura décadas, claro que sí, pero el cortafuegos no puede ser un pánico que multiplica los daños colaterales. La anulación del PGO es un revés jurídicamente gestionable (y así lo garantiza el alcalde), un fuego que algunas voces han extendido equivocadamente avivándolo con leñas apocalípticas.
El fuego y la leña
La mala sombra de la inseguridad jurídica nunca ha sido una buena compañera de viaje, cuanto más lejos mejor; ahora bien, a juicio de un ejército de analistas económicos (y de expertos en neuromarketing) pocas cosas o ninguna hacen tanto daño como la falta de confianza
