Sabe el alcalde de Santiago del Teide que mientras las descripciones científicas explican o informan sobre algo que es (o ha sido), cuando se opta por las poéticas -pura subjetividad- las finalidades prácticas se echan a un lado para dejar que los recursos literarios protagonicen la descripción. El alcalde es plena, oceanográfica y metodológicamente consciente de que las descripciones científicas tienen en el realismo su principal herramienta, no así las poéticas, abiertas a alegrías estilísticas o apaños de embellecimiento. Si un problema flota sobre las aguas del municipio él se siente más poeta que científico, de ahí que cuando días atrás las microalgas desaconsejaron el baño en la costa de Santiago del Teide el alcalde optara por pedir que no se generara alarma ante lo que catalogó como primavera del mar. Traducir tan poéticamente una instrucción de Salud Pública desaconsejando el baño en la zona constituye un ejercicio tan primaveral como colorido, una exhibición de sosiego y serenidad muy similar (el alcalde es poeta, pero en ningún caso original) a la que las restantes administraciones protagonizan cuando se les pregunta por los vertidos que amenazan con convertir estas Islas en un destino de playa donde algunos días puedes bañarte en el mar. En la delgada línea que separa desatender y desconocer, las autoridades más o menos competentes no sólo ignoran la dimensión del problema de los vertidos que están llenando de porquería el litoral, sino que, peor aún, parecen instaladas en la despreocupación y la falta de respuestas a corto o medio plazo. También a este problema se llegará demasiado tarde, y mal. Siempre nos quedará la actitud poética del alcalde para no dejarnos abrazar por las microalgas. Siempre podremos sobreponernos a la pasividad de las administraciones ante el descontrol de los vertidos al mar refugiándonos en que la primavera la sangre (y la mierda) altera.
