Después de que Despacito fuera, sin lugar a dudas, la canción del año, la situación de nuestras costas se ha convertido en el tema “de moda” del verano, a pesar de que algunos de los que dirigen nuestras instituciones quieran mirar para otro lado. Las tesis sobre “qué está ocurriendo” son de lo más diversas: que el hecho de que este fenómeno afecte a nuestras islas no tiene nada que ver con los vertidos; que su aparición tiene que ver exclusivamente con factores climáticos, pero su continuidad con exceso de vertidos, e, incluso, que simplemente se debe a “la mala suerte” de nuestro “buen clima”. Y todas y cada una de estas hipótesis viene acompañada de algún estudio que refuerza su postura. En estos días, por ejemplo, hemos leído en DIARIO DE AVISOS información tan interesante como alarmante sobre los vertidos en nuestras islas. Y, si hacemos memoria, podemos recordar que han sido numerosas las playas cerradas por contaminación en nuestro archipiélago en lo que va de año. He aquí el momento en el que debemos reflexionar sobre buena o mala gestión. La Laguna, por ejemplo, paga aproximadamente 1,2 millones de euros, que se dice pronto, a Santa Cruz por la depuración de nuestras aguas. Claro está que no se está haciendo. Entonces, ¿a dónde va nuestro dinero? ¿Estamos financiando los laguneros a nuestra corporación vecina? ¿No tiene nada que decir nuestro alcalde al respecto? Y mientras tanto, se siguen contaminando nuestras aguas… ¿Y qué ocurre con el Cabildo, que parece estar más preocupado en tener una televisión propia para darse publicidad que en un problema de salud pública? Al final nos da igual que las microalgas vengan porque les gusta mucho nuestro clima o porque tenemos dirigentes irresponsables que están contaminando nuestras costas, porque el resultado es el mismo. Y nosotros seguimos preguntándonos hasta cuándo nuestra salud se verá amenazada si queremos disfrutar de un día de playa, o cómo de peligroso podrá ser que nuestros hijos jueguen en la orilla del mar y lleguen a tragar algo de agua.
