domingo cristiano

No me gusta el cura guapo

Ha vuelto a ser famoso aquel al que llamaban “el cura guapo de la tele”, eso fue hace más de 30 años. Me refiero a un tal Santiago, ése que estos días predicaba en la celebración de una misa que Ada Colau era corresponsable de los asesinatos yihadistas de Cataluña. Las televisiones de Podemos no paran de reproducir sus palabras: por si alguien no se hubiera enterado aún de lo malos malísimos que son los  curas y lo vieja viejuna que es la Iglesia.

El tal Santiago no es nuevo en esto de montar pollos. A menudo pienso que un día le dio un chungo y se quedó más pallá que pacá. Me da pena, porque es como si no supiera ceder el protagonismo que un día tuvo; y ahora, como una Belén Esteban cualquiera, tratara de acaparar miradas soltando la barbaridad más grande o largando una media verdad en el lugar menos adecuado.

No le tengo ojeriza a este colega, pero es conveniente colocar a cada quien en su contexto. Este tal Santiago es el mismo que insiste en que la iglesia Católica está al borde de un cisma por culpa del papa Francisco. Y que Dios se ha revelado como el todopoderoso, el juez, el señor de las cosas antes que como el Dios-amor. Y el que enfrenta la misericordia con la verdad. En fin, un desparrame teológico.

Yo propongo que no le hagamos el juego a los que no quieren a la Iglesia con salidas de tono como la del tal Santiago. Que sí, que yo también creo que la Colau la cagó pero bien al no colocar los bolardos. Y también opino que Barcelona le viene muy grande. Pero estas cosas no se dicen en misa; se las dice usted a tres amigos tomando café, sin usar a la Iglesia de Cristo para promocionar sus ideas personales. Y las dice usted vestido de chándal, no revestido para la misa, para que nadie identifique su postura con la visión oficial de la Iglesia. Y no las dice usted delante de una cámara, porque eso huele a ganas de liarla.

Dicho esto, diré otra cosa sobre el fondo de la cuestión: que yo sí tengo miedo. Me da miedo que la comunidad musulmana sea maltratada por el solo hecho de llamar Alá a Dios. Y me da miedo que la falsa progresía nos envuelva a todos en la nube de su bobalicona e irresponsable ingenuidad sobre los peligros del yihadismo. Me da miedo que por aquello de lo políticamente correcto no se persiga el mal entre la comunidad de origen árabe con la libertad con la que se hace en otros ámbitos.

Y digo más: si un sacerdote predicara la décima parte de lo que se dice en algunas mezquitas… Si nuestros libros de texto incluyeran ambiguas consignas como las que recogen algunas páginas de publicaciones islámicas asentadas en España… Si la Iglesia fuera tan opaca con sus dineros como los son algunas confesiones no cristianas… Los musulmanes no son asesinos, son nuestros amados hermanos; pero la principal fuente de terror a nivel mundial la representa hoy el yihadismo, que vive al amparo de los idealismos y las simplezas estructurales de quienes creen que todo se arregla con un abrazo y una pipa de la paz para promover la alianza de civilizaciones, mamarrachada allí donde las haya.

Musulmanes y cristianos caminamos ayer de la mano contra el terrorismo. Pero la tolerancia ha de ser cero a la hora de luchar contra la proliferación de las guaridas del terror, y ésas sabemos detrás de quién se esconden y dónde se alimentan.

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