Leopoldo López es más joven y a lo mejor resiste mejor la tortura, pero a Antonio Ledezma, alcalde metropolitano de Caracas, si no lo matan de un tiro estos asesinos de Maduro y de Diosdado, va a morir de un susto. Las imágenes en las que el Sebin cubano-venezolano lo saca de su casa, en pijama, sin tiempo siquiera para vestirse, con nocturnidad y sin orden judicial que ampare el desalojo, son terribles. No es la primera vez que sacan a Ledezma así de su domicilio, ni de su despacho. Irrumpen en ellos, en tropel, sin las más mínimas garantías para el afectado, y se lo llevan a trompicones, atentando gravemente contra su dignidad de dirigente democrático. Esta vez, la excusa para encarcelar de nuevo a Ledezma y a Leopoldo López es un supuesto riesgo de fuga. No es nueva esta figura, ni es atributo de Venezuela solamente. Le querían hacer lo mismo a Miguel Zerolo, porque hay alguien empeñado en decir que Zerolo está forrado y es mentira: no tiene un puto duro. Y tanto la fiscal del caso Las Teresitas como la acusación particular pidieron prisión preventiva para él. Esta petición es legal, pero a mí me parece inmoral. Zerolo ha cumplido una pena de papel y de telediario terrible. ¿Quién lo indemniza si el Supremo lo absuelve? Y si lo condena, la pena de telediario también es injusta, bananera y antidemocrática. Volviendo a Venezuela, las imágenes de la “saca” de Leopoldo López son igualmente denigrantes. Su mujer, Lilian Tintori, tuvo el valor de grabarlas con su teléfono móvil. En este caso la justicia es todavía peor: no había orden de vulnerar el arresto domiciliario. Posiblemente la redactarían a posteriori. Es decir, a la venezolana. La verdad, no tengo motivos para confiar en la justicia. Ni en la de aquí ni en la de allá.
