el charco hondo

Pacto de cautividad (I)

Sabes, Mariano, que en julio intentamos con lealtad y buena disposición la incorporación del PP al Gobierno regional

Sabes, Mariano, que en julio intentamos con lealtad y buena disposición la incorporación del PP al Gobierno regional. Sorprendentemente, tú ya sabes, la negociación se torció. Con los tuyos, acuérdate de la canción, se nos acabó el amor de tanto usarlo. Con los socialistas sentados en el Consejo los tuvimos echándonos manos desde la oposición, de cine, pero fue sentarnos a preparar su incorporación y, lo dicho, caímos en que la pasión se nos había agotado de tanto agitarla. La vida te da sorpresas, Mariano, sorpresas te da la vida. Hicimos lo que pudimos, ya sabes, pero no hubo forma. Así las cosas, semanas atrás te dijimos que lo más responsable era cerrar un pacto de estabilidad que comprometa el apoyo externo del PP canario para garantizar la gobernabilidad en Canarias, en reciprocidad al respaldo que CC te presta en el Congreso. Recordarás, Mariano, que aquel día concluimos que las heridas abiertas en el PP canario desaconsejaban proclamar con firma, luz, taquígrafos y prensa un pacto de estabilidad que no necesita puestas en escena, en fin, qué necesidad, la estabilidad se ejerce caminando rápido, como a ti te gusta, y al PP de allá (de acá para nosotros, pero de allá para ti) le habríamos hecho un feo si cuarenta y ocho horas después de dar por finalizada la negociación salimos anunciando que hemos cerrado un acuerdo de blindaje aquí y allá (o allá y aquí, depende de quién lo diga). Te preguntarás por qué al referirme al pacto de estabilidad lo hago en pasado más o menos imperfecto. Mariano, nuestra relación no va bien. Parafraseándote, lo sentimos mucho pero las cosas son como son y no como a nosotros nos gustaría que fueran. Tenemos que hablar. A ti los catalanes te gustan porque hacen cosas, y a nosotros no nos gusta que tu gente en las Islas haga cosas; en Icod de los Vinos, por ejemplo. Mariano, queremos plantearte otro acuerdo. Te proponemos sustituir el pacto de estabilidad por una fórmula que hemos denominado pacto de cautividad.

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