Se dijo aquí, hace apenas un par de semanas, que hay asuntos sobre los que agentes políticos, económicos o sociales prefieren no mojarse, mejor no hablarlo, dejémoslo estar, tú ya sabes. Cuestiones, cómo decirlo, incómodas; por ejemplo, esa mala costumbre de agitar la oportunidad (inaplazable) de poner un límite al número de turistas que recibimos anualmente, vaya por dios, en fin, déjalo, quieto ahí. Catorce días después se están animando, un buen puñado de actores principales ha decidido saltarse el tabú, ahora sí, quién dijo miedo, propongamos públicamente que se cifre el número de turistas que pueden soportar nuestras infraestructuras. Román Rodríguez ha señalado que debe acompasarse el crecimiento poblacional (residente, y visitante) a la capacidad de carga soportable en cada Isla. No ha sido el único. También Casimiro Curbelo ha levantado la voz, afirmando que dicha carga debe vincularse a la capacidad de nuestras infraestructuras para afrontarla. ¿Y en Coalición? El secretario general, José Miguel Barragán, ha coincidido en la conveniencia de acompasar los crecimientos, creciendo en turistas solo al ritmo que marquen las infraestructuras sanitarias y educativas, o la gestión de residuos. ¿Y en el Gobierno? Que sí, que no, y otra vez que sí. El consejero de Turismo susurró que sí, que debe definirse un límite de soportabilidad, luego desde el propio Ejecutivo lo matizaron, pero días más tarde (este martes, en sede parlamentaria) el Gobierno optó por subirse -ahora sí- al carro de la soportabilidad, aceptando así que el asunto no es si hay cama para tanta gente, azúcar, y reconociendo que no tenemos depuradoras ni infraestructuras para un número ilimitado de turistas. Si no estamos en condiciones de gestionar los residuos que generan doce o trece millones, ¿qué hacemos con los que dejan dieciséis o dieciocho? O crecemos al ritmo que nos marquen nuestras infraestructuras o la porquería nos va a desbordar. El límite de soportabilidad ha entrado, por fin, en la escena parlamentaria, orgánica y electoral, ahora sí, tú ya sabes.
