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Harto de Cataluña

El tal Puigdemont, su grueso compinche y la nariguda parlamentaria han conseguido que millones de personas estén hasta el moño de Cataluña, que la Guardia Civil goce de mayor popularidad que nunca y usurpar el protagonismo del chino de pecho caído de Corea del Norte, del que casi nadie habla ya en España, como ocurría antes

El tal Puigdemont, su grueso compinche y la nariguda parlamentaria han conseguido que millones de personas estén hasta el moño de Cataluña, que la Guardia Civil goce de mayor popularidad que nunca y usurpar el protagonismo del chino de pecho caído de Corea del Norte, del que casi nadie habla ya en España, como ocurría antes. Para ser una empresa inútil esa de la independencia de Cataluña, operación frustrada que se ha repetido tres o cuatro veces, no está mal. Puigdemont, Junqueras, Forcadell y el resto de la banda son demagogos y mentirosos y no tienen reparo en abocar a su pueblo al desastre, a conseguir que las empresas se vayan, que se detengan las inversiones y que el porvenir de Cataluña, con una deuda enorme con el Estado, se encuentre en almoneda. Uno está harto de Cataluña, de sus líos y, sobre todo, de sus dirigentes irresponsables. Puigdemont tenía que estar en la cárcel y si no lo han metido es sólo por las consecuencias. Mientras aquí, por poner un ejemplo, están en chirona concejales que cometieron un error administrativo con un edificio, un tipo que ha cometido prevaricación y sedición ni siquiera está considerado como imputado o investigado por la justicia. Son las grandes contradicciones de la justicia española, que ahora “mide las consecuencias”. No, señor, el que la hace que la pague, se llame Puigdemont o Junqueras. Al talego con ellos si han cometido delito, como parece que lo han hecho. Yo supongo que acabarán en la mazmorra porque le terminarán también llenando el gorro a la fiscalía y a la judicatura, pero ya está bien de tomaduras de pelo. España está empezando a estar harta de los catalanes sediciosos y yo creo que es hora de que se aplique la ley, con todo su rigor, incluida la intervención de la autonomía catalana, como permite la Constitución.

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