al golpito

Actores de nuestras propias obras de teatro de la vida

Me muero y sigo sin entender muchas cosas que están ocurriendo en este mundo del nuevo comienzo del siglo XXI

Me muero y sigo sin entender muchas cosas que están ocurriendo en este mundo del nuevo comienzo del siglo XXI. Ideologías terroristas; dioses inexistentes, las luchas y guerras por las conquistas de las fronteras, el racismo, las xenofobias, la pobreza extrema, el odio y la venganza; las guerras de las banderas, la violencia de género, el terrorismo despiadado, la desigualdad brutal entre los humanos, la corrupción en las clases políticas y en el mundo empresarial, los traficantes de órganos, la violencia machista y todo un contenido de despropósitos motivan en mi dudar en que mundo estoy viviendo actualmente. Época de consumismo y capitalismo bélico. Momentos de puro y duro materialismo, donde la ausencia de valores brillan por su ausencia, motivando observar un mundo más agresivo y poco sensible. Por si fuera poco, el terrorismo medioambiental también se convierte en protagonista cobarde y despreciable. Quemar los montes, matar a la naturaleza, a los seres vivos, en sinónimo de asesinos, bazofia, de personas, por llamarles de alguna manera, que no merecen tener un lugar en el mundo.

Nos hemos convertidos en corredores de fondo sin saber cual es nuestra meta, nuestro destino. Somos almanaques de un nuevo amanecer de incógnita e incertidumbres. Yo solo quiero que el mundo sea un jardín de libertad, donde brille la paz, la igualdad y la justicia. Un mundo desigual que nos muestra cómo los valores individuales han dejado de tener la mínima importancia: ahora la sociedad le valora según su capacidad de consumo. ¿De verdad que hemos evolucionado? ¿Hacia dónde vamos y que queremos? Cierto, hemos evolucionado, especialmente si nos remontamos a la prehistoria del ser humano y de los primeros homínidos. En lo que respecta a la segunda pregunta, vamos camino al precipicio, ya que como humanos que somos, destruimos nuestro propio escenario. Somos lobos humanos con colmillos asesinos y depredadores de todo aquello que la madre naturaleza nos ha dado.

El hombre, hasta el momento ha permanecido en la cima de la pirámide depredadora y no existe en la actualidad ninguna criatura que le dispute el puesto. El mayor asesino de la tierra es el hombre y hasta mata por deporte. El depredador mata para sobrevivir El hombre es auto destructor y es consciente del asesinato que está cometiendo. Destruye su hábitat con verdadera saña, como si odiara la bellísima morada en que vive, y a las criaturas que le acompañan y viven con él. Acaba con las plantas que son su abrigo, su alimento y medicina, sin el menor agradecimiento, sin la más mínima consideración. Destruye y aniquila. Bombardea la tierra y todo ser vivo que se le atraviese con fuerza destructora.

Somos actores de nuestras propias obras de teatro de la vida. Sin darnos cuenta, y por aquello de las revoluciones tecnológicas, nos hemos convertidos en “maquinas” inhumanas, sin tener en cuenta el orden y la importancia de los verdaderos valores humanos. Pensamos y actuamos como bandas anchas de Internet. Atrás dejamos la sensibilidad, el amor por todo aquello que la vida y la naturaleza nos ha dado. Nos olvidamos de aquellos países de pobreza extrema. También, de aquellas niñas y niños que son violados y explotados en el campo laboral, pero no menos en el negocio de la prostitución. Así es nuestro mundo, el que nosotros mismos hemos creado y destruimos.

TE PUEDE INTERESAR