Eligio Hernández, mi buen amigo de siempre, me invitaba hace unos días a escribir unas líneas sobre el ilustre dramaturgo y poeta canario Ángel Guimerá, y ello con la finalidad de concretar y dar a conocer sus ideas políticas, no tan conocidas como su extensa obra literaria. Se trata, el desafío catalán, de un tema de rabiosa actualidad que tiene inquieta y expectante a gran parte de la ciudadanía española. Mi condición de sobrino nieto, y pariente más cercano, así como una auténtica veneración desde joven por esta figura de las letras españolas, me motivan sobradamente para aceptar la expresada invitación del amigo y adentrarme en la proyección y pensamiento político que, en determinados momentos de su vida, ilusionaron su comportamiento y presidieron sus actos.
Conozco muy bien, prácticamente desde niño, toda la obra y escritos de nuestro ilustre paisano. Mi padre, José Manuel Guimerá, que se pasaba algunas temporadas en su casa de Barcelona visitándolo y departiendo sobre las inquietudes literarias y culturales del momento, tenía en su biblioteca toda su producción literaria dedicada de puño y letra. Inició sus estudios en los escolapios y escribió muchos versos en castellano aunque, resulta indiscutible, que la totalidad de su obra la escribió en catalán. Entregó todo su ser y su vida a Cataluña. Yo he disfrutado durante toda mi vida de sus obras. El idioma catalán tiene palabras de una gran fuerza expresiva para el arte dramático.
Hubo una gran polémica a principios del siglo XX con la candidatura del escritor tinerfeño al Premio Nobel de Literatura, para el que fue propuesto en dos ocasiones, y cuyas obras habían alcanzado un clamoroso éxito en toda Europa, existiendo el convencimiento casi unánime de que el prestigioso premio debía otorgarse al dramaturgo canario. Sin embargo, por la oposición y presión del Gobierno español desde Madrid, que habría considerado poco conveniente premiar un autor canario -que había tenido, además de escribir en catalán, un relevante papel político en Cataluña-, impidieron que la nominación cuajara. Finalmente, en lugar de Guimerá se habría propuesto al ministro José de Echegaray, un dramaturgo de menos fama y estilo más corriente y que había traducido al castellano algunas obras de Guimerá. Quisiera, no obstante, y antes de adentrarme en la trayectoria y pensamiento político de Ángel Guimerá, pensando en el posible interés y debido conocimiento de las nuevas generaciones, hacer referencia a una semblanza general de su vida y biografía. Son pocos los tinerfeños que conocen la vida e importancia de este autor, probablemente el más internacional de los dramaturgos españoles.
Ángel Guimerá y Jorge vino al mundo en esta capital, Santa Cruz de Tenerife, el 6 de mayo de 1845. Nació en el número 45 de la calle de Canales, hoy calle Ángel Guimerá. La casa natalicia contaba, hasta hace unos años, con una placa conmemorativa colocada en 1924, y que ahora ya ha desaparecido debiendo encontrarse en los depósitos municipales, que es el lugar donde descansan las inquietudes culturales del Ayuntamiento de Santa Cruz. La madre, Margarita Jorge y Castellano, era natural de El Sauzal. Ángel Guimerá, que abandonó a los seis años definitivamente la Isla para instalarse, hasta su fallecimiento, en Barcelona, siempre guardó, recordando la belleza de su madre, un profundo afecto por la mujer canaria.
A principios del presente año fallecía en Barcelona mi buen amigo José Llort Brull. Después del gran historiador Josep Miracle, ha sido Llort, sin duda alguna, el mejor biógrafo de Ángel Guimerá, sobre el que ha escrito varias obras. En 1979, Ediciones Goya publicó su libro Ángel Guimerá, canario ilustre, poeta de Cataluña, donde profundiza en la vida y obra del insigne dramaturgo. José Llort amaba profundamente esta tierra tinerfeña, donde venía con relativa frecuencia. Siempre quiso que, al igual que don Benito Pérez Galdós tiene su casa museo en Gran Canaria, Ángel Guimerá y Jorge la tuviese en su tierra natal. En el año 2005, siendo el que suscribe concejal del Ayuntamiento de Santa Cruz y coincidiendo con la celebración del 160 aniversario de su nacimiento en esta capital tinerfeña, propuse, a través de la presentación de una moción en un pleno municipal, la creación de una casa-museo en un lugar cercano al de su nacimiento. Pero, como ya he dicho, nadie le hizo caso alguno a la expresada moción, ya que el Ayuntamiento de Santa Cruz y la cultura se encontraban entonces en las antípodas para desgracia del ciudadano santacrucero. Ángel Guimerá murió en 1924 y, por su dilatada obra literaria, sus trabajos periodísticos y su defensa a ultranza de la lengua y la autonomía catalana, su sepelio constituyó un impresionante acto de duelo, asistiendo al mismo una multitud cifrada en más de 100.000 personas.
Resulta muy difícil, en estas líneas, glosar la obra ingente de Guimerá aunque fuese sintéticamente. Me encantaría hacerlo en otra ocasión. Veamos ya un resumen muy breve de su pensamiento político. La realidad es que la importancia que tiene Ángel Guimerá como poeta y dramaturgo ha hecho que no se prestara la debida atención a su faceta como político, e incluso periodista, que también lo fue.
En 1874 ingresó en la asociación catalanista La Jove Catalunya, la sociedad radicalmente regionalista más antigua que ha existido y primera de las entidades de este género que tuvo la Renaixensa catalana. Se encontró inmerso en un “catalanismo con mayúsculas”, y, aun del catalanismo radical, según el adjetivo que con los años sería más grato a Guimerá. Así lo escribió Josep Miracle (su máximo biógrafo), que lo sitúa con justicia en el citado terreno político, pero con precisiones muy claras en relación con las grandes diferencias que hay entre catalanismo y separatismo.
Ángel Guimerá, como Cambó que quería “una Cataluña grande, dentro de una España grande”, nunca fue un independentista. Guimerá era incompatible con cualquier formulación excluyente. Su pensamiento político corresponde al espíritu general de la Renaixensa, primero revista y más tarde diario. Bajo la dirección de Ángel Guimerá la revista siguió siendo eminentemente literaria, aunque a partir de 1892, siendo ya diario y dirigido por Pere Aldavert, se convirtió en un órgano de expresión no oficial de la Unió Catalanista.
El catalanismo radical de Guimerá arranca de la historia. Su mayor empeño no era otro que recuperar las glorias del pasado con la finalidad de oponerlas a un presente que no le gustaba, y provocar con ello el entusiasmo por una acción nueva bien enraizada en la tradición. En el año 1894, Guimerá es elegido presidente de la Unió Catalanista. La idea catalanista fue para Guimerá una verdadera obsesión. Sus servicios a la causa de Cataluña y, muy en particular, a la idea “autonomista” fueron ejemplares. Invocaba la misma autonomía a la que, hace cuarenta años por estas fechas, se refería el honorable Tarradellas en su regreso a Cataluña como presidente de la Generalidad.
Quisiera concluir estas líneas afirmando que el dramaturgo se sobrepuso al político, y, Guimerá, tras haber dejado la dirección de la Renaixensa, se retiró de la política para entregarse en cuerpo y alma a la tarea literaria, convirtiéndose a través de su poesía en el “poeta del catalanismo”. Cataluña le adeuda a su hijo adoptivo el haber cantado mejor que nadie sus grandezas.
