después del paréntesis

Catalanes

Me llama Maximiano Cortés Moreno. Nació en Barcelona. Es catalán, habla catalán, estudió en la Universidad de su ciudad y ahí fraguó su eficacia profesional. Hoy es uno de los lingüistas más reconocidos del mundo. Especialista en enseñanza del español para extranjeros, ha pasado parte de su vida en Taiwán. Por eso (aparte de los idiomas de la niñez y de cercanía) habla chino, inglés, francés y… Lo que ocurre en Cataluña (su lugar de origen) no se lo puede explicar. Él es de padres andaluces, pero catalán por nacimiento y asunción. Lingüísticamente se desarrolla como tal allí, con su lengua. Pero habla el español estándar para comunicarse con el resto de los españoles o hispanoparlantes del mundo, o habla el andaluz cuando se interna en los parajes de sus mayores. Eso se es, me dijo; se es en identidad, aunque hayas de hablar chino en Taiwán. El problema viene dado por la trama horripilante a la que nos ha arrastrado eso que se ha llamado “nacionalismo” del corte Jordi Pujol: la realidad no se cumple, la realidad se impone, del modo como la han impuesto los dictadores o los fascistas. Catalanes son los que ellos deciden que sean. Por ejemplo, Jordi Pujol dejó fuera de la nómina a un excelente narrador. No le sirvieron los apellidos que lo acogieron (se llamó en origen Juan Faneca Roca, pero existe por la rica, tradicional e hipercatalana familia Marsé Carbó); no le dio la nómina de tal porque Joan Marsé escribe en español.

La cuestión no es discutir el disparate, la cuestión es repetirse el cómo es posible que la sociedad civil catalana no haya reaccionado ante una infamia de ese calibre.
Y esa es la piedra angular de lo que ocurre hoy en Cataluña, que los ciudadanos se han dejado sustraer sus derechos sin oponerse.

Eso sucede. El presidente de la Generalitat, Puigdemont, desarma el Parlamento de Cataluña, distorsiona sus normas, sus funciones, sus reglamentos, su actividad… y nadie se echa a la calle; los independentistas asumen el control porque Cataluña son ellos, solo ellos. Luego un referéndum con aquellas condiciones (de calidad, control, participación, legitimidad…) es suficiente porque confirma el procés, etc., etc.

Maximiano Cortés (que participó en el excelente coloquio de la ULL Campus América) se preguntaba: ¿qué ocurre con los tres millones doscientos mil catalanes restantes?
Eso: ¿qué ocurre con el 60% de los catalanes?

Puigdemont o los de ERC o los de la CUP no responden. En estos procesos solo es representativo lo que conviene.

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