Addoor Sticky
despuÉs del parÉntesis

El diablo

Una frase suya se recuerda: “Solo soy, solo nací, solo me crio mi madre”. Es una verdad incuestionable esa, pero lo que repite el grupo es que si no defiendes lo que el resto defiende te conviertes en un extranjero

Una frase suya se recuerda: “Solo soy, solo nací, solo me crio mi madre”. Es una verdad incuestionable esa, pero lo que repite el grupo es que si no defiendes lo que el resto defiende te conviertes en un extranjero. Eso quiere decir que lo privativo de los seres humanos es la confusión, o eso que llaman solidaridad (aunque pocos la practiquen). En ello se basa la eficacia social, la artimaña más insigne del cristianismo. Es decisivo que te controlen. El desvelo del diablo comenzó, pues, por defender esa marca de su personalidad. Y así se fraguó el veredicto.

Diablo era porque asumió el papel de anticristo; no contribuía a alargar los lazos del cielo, de lo divino o de lo eterno, sino que actuó como ángel exterminador contra la iglesia, la familia, el estado, la banca, la información, el consumo, la riqueza, la distinción… Y eso no se acepta en una sociedad como esta. Por ejemplo, sin los poderes financieros, el estado no existiría; por eso han de preservarse, extenderse, pagarse; sin el consumo es imposible vivir; sin la caridad la vida no tendría sentido porque hay que darle limosna a los pobres, a los que se mueren de hambre o se pierden por el camino, para que tenga sentido la distinción. Incluso en la estratagema de eso que llaman amor no está por demás que fulanita del tal o fulanito de cual se muestren en público, y tengan esta o esa otra propiedad. Lo que delimita a los seres comunes es que son expertos en matar lo que aman. El diablo se resiste, él muere por lo que quiere. Incluso aunque se comprometa a matar a Dios, para ser dueño de sí mismo, para construirse o reconstruirse a sí mismo. Así es que lo razonable era partir en buena compañía, bien armados y mejor dirigidos para matar al diablo. Lo hicieron; salieron, lo buscaron, lo encontraron.

Estaba en un lugar perdido, inhóspito; no había construcciones, nada que el hombre hubiera tocado. La espesura era límpida, los árboles y las plantas en su esplendor, la fuente de agua corría por el barranquillo, el cielo era traslúcido y la intensidad lo definía, sin Dios, porque allí ya no vivía.

Así es que los guardianes de este mundo se acercaron. Estaba solo porque hacía tiempo que no creía en las hordas de exterminio. Y como se negaba a vanagloriarse detrás de lo que al resto de los mortales encumbra… acabó como enemigo, con un tiro en la cabeza, para el escarnio público.

¿Gigantes por molinos? ¡Hasta ahí podríamos llegar!

TE PUEDE INTERESAR