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¿Pero qué hace ese tolete en Bruselas?

Después de que un millón doscientos mil catalanes se hayan echado el domingo a la calle, en defensa de la Constitución, el expresidente Puigdemont y algunos acólitos se han ido a Bruselas, donde supongo que lo recibirá el ministro, desautorizado por su jefe, que le ha ofrecido asilo político. Pocos más. Es imposible que un país de la Unión conceda asilo político a un ciudadano europeo rebelde, que ha desobedecido la Constitución y a los tribunales de su país. Imaginen ustedes que España concediera asilo político a alguien que haya cometido un atentado terrorista en Bélgica, por ejemplo. O Puigdemont ha perdido la razón, o todavía le dura su condición de pelele, porque los que manejan a esta pobre marioneta siguen sin decir ni mu, tipo Junqueras, Mas, Romeva, etcétera. Todos han obedecido sin rechistar las órdenes del Gobierno de Rajoy, en aplicación de la ley, y se han ido a sus casas. Incluso la aguerrida Forcadell ha suspendido la reunión de la Mesa del Parlamento de Cataluña, que ya no tiene funciones, o que las tiene limitadísimas a la comisión permanente, para despachar asuntos de trámite. ¿Qué hace este tolete en Bruselas? Nadie lo sabe, pero la querella del fiscal general, presentada contra él, su Gobierno y otros, por rebelión, sedición y prevaricación puede conllevar medidas judiciales, como la pérdida de libertad y fuertes fianzas, así que si, encima, existiera riesgo de fuga, la situación procesal de Puigdemont y de sus acólitos se complica muchísimo; y el juez podría dictar prisión inmediata e incondicional. Está Puigdemont jugando con fuego y este viaje lo pone aún más en ridículo. Está buscando un imposible, que alguien lo apoye o quizá que un país le conceda asilo. Uno se pregunta qué pasa por la cabeza de este hombre tan tozudo y tan poco inteligente, marioneta del independentismo catalán.

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