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despuÉs del paréntesis

La independencia

Hubo un presidente del Gobierno en este país al que cupo la estadística. Fue su logro. José Luis Rodríguez Zapatero se llama

Hubo un presidente del Gobierno en este país al que cupo la estadística. Fue su logro. José Luis Rodríguez Zapatero se llama. Los asuntos pendientes podrían torcerse y era cuestión de actuar respecto a eso que se llamó (¿y se llama?) el “problema catalán”. Ideó un modo de hacerlo que comprometía al Estado y a Cataluña por igual: el nuevo Estatuto de Autonomía. Así que el Gobierno aceptó una cuestión central de la identidad que ni resulta ofensiva, ni antipatriota, ni anti nada (bueno, sí, anti PP): “nación”. Ello divulgaba una idea a la que la derecha (desde la dictadura) se resiste: este país es un país múltiple.

Rodríguez Zapatero (que era tonto, según el PP), sin darle concesiones sobresalientes a Cataluña (ej., Cupo Vasco) y sin tocar la Constitución, asentó el principio de buena relación entre el allí y el acá. Pero hete aquí que el llamado PP estaba en su lugar. Al Gobierno ni agua. Además, hay problemas en España que no los puede resolver la izquierda, como el final de ETA o la armonía inter-territorial. Es decir, sonaba arrebato. El despliegue de Rajoy fue eminente, y el del PP también: anuncios en la prensa, recogida de firmas y denuncia al Constitucional. El PSOE no podía salirse con la suya. Y otra cosa (por la que ganaban votos en otras comunidades): no podía ponerse en entredicho su nacionalismo español. Lo que ocurrió fue una de las vergüenzas más aterradoras de una democracia consolidada: el Constitucional, en vez de mandar a paseo a los papanatas, les dio la razón. Eso dio como resultado que un acuerdo de Estado sancionado por el Parlamento democrático español, por el Parlamento democrático de Cataluña y refrendado por un referéndum fuera tirado a la basura. No ha existido un político en todo el mundo que haya hecho más independentistas que Rajoy. Y es razonable. Si no respondan los canarios cómo hubiésemos reaccionado nosotros ante una vileza tal.

De aquellos barros, pues, estos lodos. El político que no se mueve, ocupa Cataluña con Policía Nacional y Guardia Civil y monta el espectáculo que el pasado domingo montó; el político más infausto y primitivo de cuantos han existido en la democracia de España esperó hasta el final para actuar de ese modo; y es presidente del país por votación democrática, como Trump en EE.UU…
¿Meterá en la cárcel a todos los independentistas, de Puigdemont a los diputados de la CUP? ¿Lo permitirán los vecinos? ¿A dónde los enviará, al territorio español de las Chafarinas?
Eso queda. ¿Quién da más?

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