No es verdad que el amor haya perdido terreno en esta sociedad nuestra, tan enferma por tantas cosas y tan apasionante al mismo tiempo. Sí es cierto que el egoísmo ha ido arañando un hueco notable en espacios de la vida en los que amar sin condiciones hace que todo sea más fluido. Por ejemplo, la capacidad de sacrificio es una de las características del amar verdadero y es ahí donde peor lo llevamos: nos hemos educado para tenerlo todo, aquí y ahora. Tales egoísmos hacen casi imposible el amor, que se alimenta también de la renuncia al bien inmediato en favor del bien de los demás.
Las estampitas adolescentes con frases empalagosas sobre el amor son imprescindibles, pues ayudan a canalizar el torbellino de sensaciones que se experimentan a esa edad. Y la tormentade hormonas. Lo malo viene cuando, ya de adultos, las relaciones con los otros y con el otro especial que hayamos escogido, también entonces tengan la hondura de una frase bonita impresa en papel fácilmente desechable.La frustración, la tristeza honda y prolongada, el ensimismamiento… hay multitud de síntomas asociados al desconcierto de no saber amar o no haber sido realmente amado. El fracaso vital acompaña muchas veces esta forma de malvivir.
Amar de verdad exige mirarse profundamente a uno mismo, más que mirar al otro. Al menos, de entrada. Es imprescindible que yo conozca quién soy, que me reconcilie con mi propia historia, que identifique mis necesidades hondas antes de querer amar y satisfacer al otro. De lo contrario, mi aventura quedará reducida a un choque de trenes, pues ambos, bajo la excusa de amarnos, en realidad estamos buscándonos a nosotros mismos desesperadamente. Estamos tratando de llenar nuestros vacíos al tiempo que jugamos a estar amando.
De eso va hoy el Evangelio: de recorrer la vía amorosa. Y es por eso que amar a Dios es un buen antídoto contra el egoísmo y una excelente antesala del arte deamara otro ser humano. Cuando amo a Dios, vuelvo sobre mí mismo, porque Dios facilita a las personas ser conscientes de su verdad. Y amando a Dios es imposible desconocer el valor de cada ser humano, pues ése es el primer encargo de que él recibimos. Con todo el corazón, con toda el alma, con todo el ser.
La vía amorosa es una buenamedicina contra los espejismos del amor. Es el camino que recorren quienes, más tarde o más temprano, han comprendido que el amor es una tarea, no es lo que toca.
No me gusta hablar de amor de verdad y amor de mentira. Amor es amor: el que conduce a uno mismo, allí descubre a Dios y su huella en cada otroy después sale al encuentro de los demás. Así lo veo yo.
