domingo cristiano

Los colegios de monjas

Durante mucho tiempo he pensado que los colegios de monjas eran instituciones innecesarias, apuestas de otro tiempo ya caduco. Y que con ellos se conseguía justo lo contrario de lo que se pretendía: decíamos cuando yo era joven que si una chica había pasado por una de esas aulas, seguro que salía rebotada de todo lo religioso y que sería la más viciosilla de sus amigas. Eso decíamos, con la superficialidad y la falta de criterio que adornan la juventud. Aunque no en todo nos faltaba razón.
Decíamos también que aquellas monjas eran una señoritingas acomodadas, que no salían de sus comunidades y que iban a su bola en la pastoral. Que las religiosas que verdad eran las misioneras y las que atendían a los pobres.

Evidentemente, todas estas afirmaciones eran absolutas temeridades. Que nos rozábamos con religiosas que, probablemente, eran puras como ángeles y soberbias como demonios… pues alguna había. Que aquellas chicas al llegar al instituto eran como cabras que por primera vez prueban la hierba natural… pues como todo el mundo a cierta edad.

Y también es infundada la sospecha de que los colegios de religiosas y religiosos atendían sólo a las élites. No faltaban los niños de clase alta, aunque éstos siempre ha preferido los colegios privados, no concertados. Poco se dice de los hijos de familias desestructuradas, pobres, inmigrantes… que en esos colegios encontraron, y encuentran, refugio sin pagar un céntimo. Y donde no sólo aprenden cosas, sino que son amados, sanados de sus heridas, apoyados en sus necesidades.

Es posible (bueno, es seguro) que algunas instituciones religiosas dedicadas a la enseñanza equivocaron el rumbo, allá por los años 70 y 80. Algunas dieron poco ejemplo de caridad y austeridad. Y que lo hicieron por inercia, por falta de reflexión y miedo a reconstruir su misión, sin ningún espíritu crítico. Pero lo cierto es que todo eso es ya historia, aunque el perroflautismo militante lo siga presentando como actual.

Opino que los colegios en manos de religiosos y religiosas son hoy imprescindibles, como lo fueron en otra época. Considero que son verdadera tierra de misión en medio de un mundo que vive de espaldas a Dios, silenciando el hecho religioso por una mal entendida corrección política.

Un colegio regentado por religiosos es una escuela de humanidad, de respeto a los valores cívicos y un terreno en el que se cultivan los derechos humanos. Es un permanente ejercicio de convivencia entre los diferentes, tutelado por hombres y mujeres que son plenamente conscientes del valor de su trabajo, porque se les espolea a diario para no perder la perspectiva global de lo que hacen.

En un colegio religioso se promueve la visión más optimista y liberadora de cuantas existen sobre el ser humano: que cada hombre y cada mujer es un proyecto de Dios, llamado a realizarse humana y profesionalmente, e invitado a descubrir que su grandeza no proviene de sus capacidades, sino del hecho de haber sido pensado y amado por Dios.

Hoy sí creo en los colegios de religiosos y religiosas, que nada tiene que ver con menospreciar la enseñanza pública, en la que yo me eduqué. Es sólo que, en medio de tantos adoctrinamientos interesados y de tantas canalladas ideológicas que tienen a los niños como víctimas, esta enseñanza se me antoja un oasis en medio de pozos de petróleo. ¿Pensaban que hoy iba a escribir sobre Cataluña? Bueno, pues también.

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