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No hablaré de Cataluña

Tengo que decir que estoy hasta los mismísimos de Cataluña y del desafuero de sus políticos secesionistas. Por eso, hoy no voy a hablar de Cataluña. ¿Cuál será la postura al respecto de la versátil Coalición Canaria, cada vez más depauperada políticamente y cada vez más alejada de los intereses de estas islas? Ha conseguido más Román del Estado, con dos gestiones de Pedro Quevedo en Madrid, que Coalición Canaria desde la época de Mardones, que ese sí que luchaba por su tierra y lo hacía muy bien por cierto. Recuerdo largas conversaciones con Luis en la cafetería del Congreso. Hubo un tiempo en el que yo iba mucho por allí, a pulsar la política española, aprovechado las reuniones en Madrid de la agencia informativa Colpisa, de la que era miembro este periódico. La dirigía Manu Leguineche, paz descanse, un gran amigo. Y el redactor-jefe era Fermín Cebolla, que no sé si es vivo o es muerto, como dicen en el Puerto. Porque yo, como Juanito Cruz, soy un periodista del Puerto. Recuerdo aquellos días previos a la muerte de Franco, los corrillos que se formaban en la agencia; recuerdo el golpe de Estado. Aquel día almorzaba yo en el extinto y gran restaurante La Riviera, en la Rambla, con Paco Afonso, paz descanse, y con Salvador García. El policía conductor de ellos subió, alarmado, hasta donde estábamos, a comunicarnos que Tejero y su tropa habían entrado en el Congreso. Vaya días, Dios mío. Esto de la nueva España, o de la España nueva, no ha sido fácil, todo lo contrario. Lo que pasa es que, afortunadamente, mi memoria es muy selectiva y suelo borrar de ella lo desagradable, dándole al cerebro la actividad de la lectura y de la escritura; es decir, seleccionando los acontecimientos. Por eso ni pienso, ni quiero hablar de Cataluña.

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