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al fin es lunes

El peor lunes después del peor domingo – Por Ángel Arenas

No le dije nada a Carmelo, porque me hubiera pedido una crónica, y no estoy para disgustos

No le dije nada a Carmelo, porque me hubiera pedido una crónica, y no estoy para disgustos.

No le dije a Carmelo, en fin, que me venía a Barcelona, y aquí estoy, penando tras un día horrible en el que he visto de todo, y casi todo malo.

No lo voy a contar, porque si lo cuento Carmelo me pide que lo amplíe hasta que lo haga crónica. Y no quiero: por nada del mundo voy a contar la triste experiencia de este día de referéndum vacío de contenido pero lleno de emociones grandilocuentes y a veces, déjenme decirlo, salvajes.
Porque en realidad no vine por el dichoso referéndum del que usted ya lo saben todo, lo que es verdad y lo que es mentira, porque me da la impresión de que Felipe González tiene razón: cada vez se parece más esta deriva catalana al manejo, o al tejemanejo, que se trae Maduro. Y ahora viene el lunes, que será peor que el domingo.

No vine por el referéndum, eso se deja para los nuevos periodistas. Vine por el Barça-Unión Deportiva Las Palmas. Un guatemalteco oriundo de Tejeda, llamado Diego Baute, me llamó desde Tegucigalpa hace tres meses; la ilusión de su vida era asistir en el Camp Nou a un choque que para él era no sólo mítico sino que colmaría sus ganas de disfrutar de su juego favorito.

Lo conocí en un partido similar, Unión Deportiva-Madrid, y yo me aburrí como él, pues los dos somos, con perdón, aficionados culés. Así que ahora yo compartía con él no sólo el entusiasmo del fútbol sino el entusiasmo doble: somos culés, pero también pajaritos canarios.

Nos hicimos con las entradas, viajamos como dios nos dio a entender, nos plantamos en la Barcelona de la autodeterminación y demás potajes de berros y nos fuimos al campo. El Camp Nou, bella experiencia…, pero de lejos.

No pudimos entrar, no pudo entrar un gentío. Nos volvimos al hotel, que nos pareció peor que antes de salir hacia el estadio, y ahora nos volveremos a Miami derrotados y rotos, como la Unión Deportiva y como el propio Barça. Pues ganar así no es ganar, es jugar para cumplir con el triste trámite de llevarse tres puntos sin honor ni ganas.

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