Señoras y señores, comparezco ante ustedes para informar de la decisión adoptada por el Consejo de Ministros, que ha acordado requerir formalmente a los jóvenes de Coalición Canaria para que confirmen si han proclamado o no que se abra un debate político y social para incorporar una estrella más, en representación de La Graciosa, a la de las siete estrellas verdes, ya saben, la de la canción, ay, mamá, bandera tricolor, qué divertido, qué vacilón. Este requerimiento, previo a cualquiera de las medidas que el Gobierno puede adoptar al amparo del artículo 155 de la Constitución, pretende ofrecer a los ciudadanos de las Islas la claridad y seguridad que requiere tal propuesta, iniciativa que merece al menos tres consideraciones. Desconcierta que días después de conocerse el informe europeo de la lucha contra la pobreza -que sitúa a cuatro de cada diez canarios en la antesala de la exclusión social…- los jóvenes de CC hayan salido del trastero para pedir un debate político y social, sí, pero para analizar si debe o no añadirse una estrella a la bandera, oh mamá, bandera tricolor. En segundo término, sorprende las ganas de estrellas que les han entrado a los de Coalición; justo ahora que tienen tan mala prensa, identificadas como están con el separatismo catalán, venga a meterle estrellas al logo, a la bandera y a todo lo que pillen. Y, en tercer lugar, su propuesta también ha coincidido con la decisión de prohibir esa bandera en los estadios, pues, como se ha recordado estos días, en aplicación de la Ley contra la violencia, el racismo, la xenofobia y la intolerancia en el fútbol, a partir de ahora solo se podrá animar agitando la colcha que te regaló la suegra, las mantas esperanceras, un póster de Piolín o la banderola de los bambones -aunque en este último caso queda a criterio de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado-. Señores, en la respuesta que los jóvenes de CC den a este requerimiento se definirán las decisiones de los próximos días. Eso sí, vaya por delante un olé al sinsentido de su inoportunidad.
