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Cobardes

No sólo no tuvieron la gallardía de dar la cara cuando votaron la independencia chimba, después de un referéndum también chimbo y en medio de una ópera bufa, sino que ahora alguno, como el extraño Puigdemont, huye como las ratas y se esconde en un país dudoso, como es Bélgica

No sólo no tuvieron la gallardía de dar la cara cuando votaron la independencia chimba, después de un referéndum también chimbo y en medio de una ópera bufa, sino que ahora alguno, como el extraño Puigdemont, huye como las ratas y se esconde en un país dudoso, como es Bélgica. Puigdemont está recibiendo el rechazo social de los catalanes, incluso de los más radicales, por gallina, y ha contratado para su defensa a un abogado de etarras belga, que se parece físicamente con Kiko Matamoros. A lo mejor Puigdemont acaba en Sálvame, que es el sitio natural de los payasos. No me extraña que en Halloween, esa fiesta bárbara que ha se ganado a España, tampoco me explico cómo, el rostro más solicitado para las caretas haya sido el del ex presidente catalán, que es una mezcla de Charlie Rivel y Fofito, mejorando lo presente. El enlutado político se ha quedado en Bélgica, bajo las faldas inciertas de un país que no es país, en vez de venir a dar la cara y a defender sus fanáticas ideas donde corresponde: en la Audiencia Nacional. Ha dejado solos a sus compañeros de viaje, hombres y mujeres hechos y derechos, abducidos por un fanatismo extraño, convencidos de sus propias mentiras e incapaces de haber expuesto de una forma normal sus ideas, sin histerias y, sobre todo, sin trolas. Yo, si les digo la verdad, prefiero escribir de los chiquilicuatres canarios que componen la banda de Coalición que de estos tipejos catalanes (no todos los catalanes lo son); pero es que me indigno ante las patrañas de Puigdemont y compañía, que no tuvieron reparo en volver a hablar, esta vez en Bruselas, de 900 heridos, o así, en una manifestación en la que hubo dos lesionados, uno de ellos por infarto: se asustó de estar donde no debía y seguramente donde no quería. ¿A quién van a engañar, a estas alturas? ¡Cobardes!

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