domingo cristiano

Estos curas…

Éste domingo es difícil escribir sin que haya quien se moleste. Asumo ese riesgo sin recurrir a aquella frase piadosa que podría usar como armazón: hablo de mí, el primero

Éste domingo es difícil escribir sin que haya quien se moleste. Asumo ese riesgo sin recurrir a aquella frase piadosa que podría usar como armazón: hablo de mí, el primero. Pues no. No necesito recurrir a mis culpas, que son unas cuantas, para estremecer el papel con el grito del profeta Malaquías: “Y ahora os toca a vosotros, sacerdotes… Os apartasteis del camino, habéis hecho tropezar a muchos en la ley”.
La Iglesia no teme hablar de sus curas, porque sabe que la inmensa mayoría de ellos hacen que el mundo sea mejor. Con sus deficiencias -intelectuales, afectivas, formativas…-, siguen siendo uno de los colectivos que más aportan a que la sociedad prospere y a que cada individuo se levante de sus postraciones. Sin curas, el mundo sería peor, alejado de lo que Dios quiere; pero también menos habitable, una selva más inhóspita, con menos mensajeros de buenas noticias y menos defensores del débil.

Sin embargo, hoy, lo mismo que en aquellos entonces de Malaquías, la tierra sigue clamando contra el desconcierto que siembran los que estaban elegidos para sanar heridas.¿Cuándo se nos olvidó que nos llamaron para ser servidores de todos, los últimos de todos? ¿Cuándo olvidamos que se nos dijo que si no loejercemos el servicio con amor y con misericordia no es en nombre del Señor? ¿Cuándo dejó de importarnos que a veces con razón se nos identifique con los más negativos, con los menos emprendedores, con aquellos cuya reacción se teme por imprevisible? Imagino que cuando empezamos a perpetuar una forma de ser sacerdotes más cercana a las lógicas humanas que al proyecto de Dios sobre nosotros.

La Iglesia no tiene miedo, he dicho. Y reflexiona sobre la realidad sacerdotal.Y concluye que muchos sacerdotes reproducen los esquemas de tiempos pretéritos, cuando ejercían de fuerzas vivas del pueblo por razones históricas, más jefes que hermanos. Algunos no han sabido encajar los cambios sociales y se aferran a una imagen de sacerdote que, si bien en un tiempo fue consentida, hoy se presenta como ridícula en el mejor de los casos. Sí, parece mentira: ha pasado tanto tiempo, nuestra sociedad ha cambiado tantísimo… y hay quienes se manejan como si nada hubiera ocurrido.

Junto a esta forma de aferrarse al pasado para no sucumbir, se constata la inercia de un tiempo en el que no se educaban los afectos. Hay curas que nunca han hablado con nadie de lo que sienten profundamente, de lo que temen, de lo que les desconcierta o les perturba. De lo que les alegra la vida y la vista, de lo que les hace sentir… Temerle a los adentros es cebar una bomba de presión: sabemos que un día u otro, de una forma o de otra, reventará. Y causará daño al hacerlo.

Además, está la soledad y la incomprensión por parte de una sociedad que vive de espaldas al misterio. Y la irrelevancia cultural que muchos pretenden para el pensamiento cristiano. Y están los malos ejemplos de otros. Y algunas formas de ejercer la autoridad por parte de algunos superiores que son contrarias a la dignidad humana. Y está el cansancio y la falta de acompañamiento especializado. Y la precariedad en la que se debe vivir.

Están tantas cosas que dan ganas de decirle a Malaquías que le diga a Dios que calle esa boquita. Que los sacerdotes ya tienen bastante con lo suyo. Lo suyo… Quizá ésta sea la piedra angular del tema. Que a menudo se desatiende a “lo suyo” para atender otras urgencias. Sí, quizá el origen de tanta confusión sea que no han saltado las alarmas cuando la pasión por Dios empezó a ser sustituida por otras pasiones, también buenas, también vinculadas a la fe, pero menores en cualquier caso.

Claro que, para que este sistema de alerta funcione,todo lo demás, debe estar engrasado, debe funcionar. Pues sí, es cierto que siguiendo al profetahay que levantar la voz contra los sacerdotes que maltratan al pueblo de Dios. Y es igualmente verdad que sólo cuando se forma a los sacerdotes en el espíritu crítico, en la independencia personal, en la salud afectiva, sólo entonces la rueda no olvida por qué rueda.

TE PUEDE INTERESAR