despuÉs del paréntesis

La venganza

Es lógico que, cuando alguien te abandona, funcione la venganza compensatoria. Incluso susurrar al oído de tal en la partida nadie te querrá más que yo

Es lógico que, cuando alguien te abandona, funcione la venganza compensatoria. Incluso susurrar al oído de tal en la partida nadie te querrá más que yo. Y como el destino es caprichoso, no estaría por demás que pretendas volver a llorar sobre mi hombro después de que te deje plantada/o fulanito/a de tal… Te mandaré para…

Esa es, por lo general, una de las congojas que menos dura. Por más hasta se compensa, como me dijo una amiga: ¡Ojalá se hubiera marchado hace diez años el muy…! Un clavo saca a otro clavo.

Lo leí en un libro sobre antropología general de Claude Lévi-Strauss. Escribe: El hijo mayor del jefe de la tribu se enamoró locamente de la muchacha más hermosa del lugar. A sus anhelos ella respondió no. El chico contrariado pidió ayuda a su padre. El rey se interesó y… Ni por esas. Si no el primero, el segundo de la familia. La chica repitió el no. El jefe se enojó, claro, y decidió. Como era hechicero, la bella se iba a enterar: afear su rostro o, lo que es lo mismo, llenar su cara de vejigas inflamatorias.

La historia no es tan ingenua como Lévi-Strauss la copió. ¿El mundo es completo sólo desde la posición del macho deformador? ¿Qué ocurriría si la chica respondiera con una artimaña igual o peor? Lo hemos vivido. ¿Morir para heredar mi dinero? Me lo gasto. El que fue burlado hoy es el jefe y… O aquel del País Vasco que perdió el trabajo por un sectario independentista y destruyó con sus propias manos una herriko taberna. Borges y otros románticos sostuvieron que la justicia y los códigos de la justicia no son la misma cosa. Por eso escribió el inquietante Emma Zunz, lectura forzosa. Entonces, ¿a qué tenemos miedo los seres humanos, a la justicia o al efecto compensatorio de la justicia?

El ojo por ojo no es aceptado por los cristianos. Pero veamos: un desalmado tuvo a bien hace unos años destrozar el rostro de Ameneh Bahrami con ácido sulfúrico, como le ocurrió a la chica del cuento citado. La joven no accedió a ser el premio de y… La justicia de Irán falló. Pero no tuvo razón. Ameneh no quiso compensación económica alguna o que el fulano fuera a la cárcel; deseaba infligir al agresor los mismos tormentos que ella sufrió.

¿Qué principio moral, ético o legislativo ha de impedírselo? ¿Debe ser caritativa con quien la convirtió en un monstruo para que ningún pretendiente se le acercara? ¿Quién asegura la libertad de Ameneh, el que la torturó o quienes habrían de condenar con el mismo dolor a quien la atormentó de ese modo?

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