Hay que repensar lo de las alertas. No se pueden suspender eventos deportivos, iniciativas comerciales, actividades empresariales o celebraciones de diferente carácter, programadas en espacios abiertos, simplemente porque puede que llueva mucho o muchísimo. Este exceso no tiene sentido. No lo tiene pararlo todo cada vez que se esperen aguaceros, sea el palo de agua con o sin viento. Si somos mayores de edad para votar, también lo seremos para decidir si mejor quedarnos en casa, o no, si dejar lo de ir de excursión para el siguiente fin de semana, o no, si acercarnos al campo de fútbol, o no, si coger la autopista, o no, si darnos una vuelta por el mercadillo, o no. Las administraciones tienen la obligación de advertir o, en su caso, de multiplicar la información imprescindible, actualizando el parte las veces que sean razonables; pero la decisión de salir o quedarse en casa debe volver al ámbito de contribuyentes que además de ciudadanos son adultos, con criterio propio para saber si lo mejor es quedarse en casa. En las Islas contamos con meteorólogos tremendamente solventes. Tenemos profesionales en el ámbito de las emergencias que otras comunidades autónomas demandan con frecuencia para escucharlos y tomar nota. Somos buenos en ese campo, muy buenos. Ahora bien, es necesario abrir un debate, reflexionar sobre la oportunidad de mantener o incluso reforzar los cauces de información cuando se acerquen las tormentas, sí, pero delegando en los ciudadanos de a pie la decisión última de ir al fútbol, celebrar un cumpleaños al aire libre o acercarse al mercado habiéndosele advertido de que puede llover mucho o muchísimo. Atenazados por la guadaña de las posibles responsabilidades, desde lo público han optado por sacudirse la preocupación curándose en salud a golpe de alertas con suspensión. Hay que devolver al vecino su capacidad de decidir y, siendo así, también su cuota de responsabilidad por las consecuencias de dichas decisiones. Hay que recuperar el sentido común. Hay que repensar lo de las alertas.
Repensar las alertas
Hay que repensar lo de las alertas. No se pueden suspender eventos deportivos, iniciativas comerciales, actividades empresariales o celebraciones de diferente carácter, programadas en espacios abiertos, simplemente porque puede que llueva mucho o muchísimo
