
POR VANESA BOCANEGRA
Llegado desde Turín para disfrutar en familia de las fiestas, a donde regresa este primer día del año para continuar con los ensayos de ‘Turandot’, el gran tenor lagunero Jorge de León compartió una emocionante velada con su público en la que se proyectó una espectacular superproducción de la obra clásica de Giuseppe Verdi ‘Aida’ bajo la batuta de Zubin Mehta, grabada en 2015 en la Ópera de Pekín. También para él era la primera vez que veía en el cine su puesta en escena, pero ya son cerca de un centenar las representaciones que ha realizado del personaje Radamés, uno de los más emblemáticos en su reconocida carrera. Fundación Diario de Avisos apoyó esta propuesta, dentro de la programación regular de ópera y ballet que ofrece Multicines Tenerife en su cartelera.
Es muy interesante poder disfrutar de la ópera también en el cine, en ocasiones en directo y en este caso gracias a la grabación de ‘Aida’ en resolución 4K para su proyección. ¿Cómo valoras esta iniciativa?
Creo que lo que logramos con esto es que la ópera encuentre un nuevo sitio en la cultura del siglo XXI. Se está buscando el modo de que la ópera, que no está al alcance de todo el mundo, ya no en el sentido económico sino en la posibilidad de acercarse a Pekín o a Nueva York a verla, pueda vivirse en tu propia ciudad, en tu cine. Y sobre todo es muy importante, y es por lo que creo que también está apostando Multicines Tenerife, que dentro de la programación de ópera no dejen de estar los artistas canarios y así se sepa qué estamos haciendo a lo largo del mundo. En este sentido, estoy ahora en Turín con ‘Turandot’, que también se está grabando en alta resolución.
Contar contigo en la proyección y en la sala al mismo tiempo es todo un privilegio…
Sí. Aprovechando mi visita a la familia por las fechas navideñas, se pusieron en contacto conmigo y yo acepté encantado. Anhelo la oportunidad de no sólo presentar una ópera retransmitida sino volver a cantar en mi tierra.
Compaginaste tu formación musical con tu trabajo como policía local en Adeje, ¿cómo descubriste tu vocación?
Yo nunca pensé que podría vivir de la música porque eso es una utopía, es muy difícil que se den las circunstancias o que se dé la oportunidad de vivir de esta profesión.
Mis abuelos eran folcloristas muy reconocidos de Lanzarote y yo también empecé a indagar en grupos como Garoé, la coral de Pilar Castro… Me gustaba cantar, tocar la guitarra y el timple, y entonces empieza esa vocación hasta que decido entrar en el Conservatorio. En ese trayecto la policía era una oportunidad para trabajar y poder hacer lo que en ese momento eran mis estudios y mi hobby, hasta que los compromisos van aumentando y tuve que decidir si continuar en la policía o probar suerte en una carrera que es muy incierta.
¿Soñabas por aquel entonces con llegar a donde has llegado?
Soñaba con vivir de la música, pero no al nivel que he llegado. Recuerdo que cuando empecé a hacer mis incursiones ya tenía más que cumplido mi sueño al tener un camerino, o un papel pequeño, pero se van dando las circunstancias, vas abriendo puertas y te vas creando ilusiones y metas hasta que llegas al Metropolitan de Nueva York.
Tras subir a los escenarios más prestigiosos de Europa, América y Asia, ¿qué espacio consideras más especial?
Yo respeto todos los espacios, porque la verdad es que todos me hacen ilusión. Hay unos de mucha tradición, de público muy exigente, escaparates promocionales porque todo el mundo está pendiente de lo que pasa en determinado festival, o donde te codeas con la actualidad de la lírica, con grandes directores…
Pero también te ilusiona tu tierra. Ahora poder debutar en el Campoamor en la temporada de ópera de Oviedo ha sido una gran ilusión porque era un elenco español con alto nivel y hemos tenido grandes críticas. Y, cómo no, me gustaría regresar a mi casa y poder mostrar lo que tanto me demandan mis paisanos. A ver si logramos cuadrarlo, aunque ni a corto ni a largo plazo hay previsión de hacerlo. Lo cierto es que no veo voluntad por la otra parte y es fácil buscar excusas para justificarse. No hay imposibles si se imponen el sentido común y la buena voluntad.
¿Hay algún escenario que te quede pendiente por pisar?
Me queda el Covent Garden que es también uno de los templos emblemáticos. También el Bolshói en Rusia. De hecho tengo propuestas pero la agenda no permite cuadrar fechas, porque son temporadas que ya tengo cubiertas y hay que buscar otro momento.
¿Cómo es trabajar con una agenda tan a largo plazo?
Tiene la satisfacción de saber que te garantizas en el tiempo algún tipo de trabajo pero también supone el riesgo de estar en 2020 a una hora concreta en un sitio determinado y en óptimas condiciones.
El personaje de Radamés en ‘Aida’ ya lo has llevado a escenarios tan destacados como Milán, Tokio, la Ópera de Pekín, la mítica Metropolitan Opera de Nueva York, ¿te sientes cómodo con este rol?
Es uno de mis caballos de batalla. ‘Aida’ es una de las óperas que más he hecho, con distintas producciones. Acabo de hacer un Radamés en Deutsche Oper de Berlín bastante psicológico en el que estoy todo el rato en escena, donde sólo está Amneris y Aida es un espectro, una imagen.
En la parte vocal es un personaje muy expuesto, que pocos solistas pueden alcanzar.
Nada más comenzar se presenta con un aria muy conocida y bastante compleja porque entras en frío y tiene un gran agudo final. Un personaje que juega un papel fundamental en un trío donde las bases son el amor, la patria y el honor, y entre dos princesas enamoradas de Radamés. Lo han hecho todos los grandes, lo que hace más difícil que puedas hacer una interpretación novedosa.
La de la Ópera de Pekín fue una superproducción con el maestro Zubin Mehta, uno de los grandes directores de la música actual, que ensayamos 20 días sin descanso hasta llegar a las funciones. El ritmo de trabajo no era como al que estamos habituados aquí, y trabajar con equipos chinos, de coro, ballet y orquesta, y enlazar la cultura de ópera latina, italiana, con esa forma de trabajo tan diferente y en una ciudad tan grande fue una gran experiencia.
¿Y qué aporta Jorge de León a este personaje?
A medida que lo vas haciendo, vas madurando como persona y vas adquiriendo más experiencia. Le doy así mis experiencias vividas, y lógicamente me nutro de todos los grandes cantantes para conocer qué tipo de personaje ha hecho cada uno. Cada producción nueva enriquece mi interpretación con nuevos matices.
¿Crees en la suerte o el destino? Lo acontecido en el Teatro Real en 2010 durante la representación de ‘Andrea Chénier’, cuando tuviste que sustituir al protagonista y recibiste los mejores halagos y críticas, podría ser el argumento de una película…
Yo no dejo de disfrutar del momento. En esa ocasión era un cover, y en realidad tenía contrato para hacer la última función y así poder debutar en el Real. Es normal que si un compañero se pone malo tengas que salir a sustituirlo. Sin embargo al haber sido policía, este hecho generó titulares bastante sensacionalistas como “El policía que llegó a salvar el Real”. Yo ya había terminado mi carrera y tenía contratos para grandes producciones, pero lo cierto es que mediáticamente se me dio una gran oportunidad. En ese momento me encuentro con la batuta de Víctor Pablo y me dicen “vístete que Marcelo Álvarez se encuentra indispuesto”. Aunque mi intención era únicamente la de salvar la situación, al terminar el público enloqueció. Además, luego coincidió que en la otra función hubo problemas con la grabación de la RAI y Radio Nacional Clásica, se acoplaron los micrófonos, Marcelo decide cancelar todas sus funciones y me toca hacerlas a mí, con lo cual me convertí en el héroe del momento con ‘Andrea Chénier’.
No es la obra que más he representado pero sí la que más me representa mi carrera.
Ganador del Premio al Mejor Tenor en los considerados “Óscar de la Lírica”, los International Opera Awards – Stella della Lirica, tu facilidad para el agudo es reconocida en el ámbito internacional, ¿consideras que es la cualidad más preciada de tu voz?
Creo que sí. Digamos que era el diamante en bruto que tenía desde que empecé a cantar. Notaba que en determinado registro agudo la potencia era muy franca, muy bien proyectada, con agudos que recuerdan a grandes cantantes. Ese ha sido el pase de entrada a muchas situaciones, teatros y directores. Luego uno perfecciona todo el registro vocal y va trabajando para que todo tenga un sentido. Con mi maestro Alfonso Leoz, he logrado descubrir mi voz con la plenitud que está hoy y que me ha abierto los grandes teatros del mundo.
Cuando te encargan un nuevo personaje, ¿qué método utilizas para prepararte?
No sólo estudiar la partitura. A mí me gusta nutrirme de muchas grabaciones antiguas, para ver qué aportó cada intérprete en cada momento. Leer sobre la vida del autor, trasladarme de alguna forma a su época. Una vez estructurado, toca afrontar el diálogo con el director musical sobre cómo quiere abordar el personaje, y con el director de escena, quien hace una propuesta de la obra, porque no olvidemos que la ópera es teatro cantado y visualmente hay que dar un personaje creíble. Aunque yo nunca me encuentro preparado para debutar un personaje. Creo que a medida que lo vas haciendo lo vas moldeando hasta convertirte en el Radamés que tienes en tu cabeza.
¿Qué compromisos tienes en tu agenda para 2018?
Empezamos el año con Turandot en Turín, una nueva propuesta muy psicológica, una locura muy en la cabeza de Calaf. En marzo, voy al Liceu de Barcelona para cantar ‘Andrea Chénier’ junto a Jonas Kaufmann, uno de los grandes tenores de la actualidad.
A continuación a Hamburgo, Viena… para hacer ‘Aida’, ‘Tosca’. En junio vuelvo al Liceu para debutar ‘Manon Lescaut’, una obra de Puccini maravillosa que ya llevo unos meses estudiando y me tiene completamente embriagado. Y de ahí me voy directo a Tokio para hacer de nuevo ‘Tosca’. Luego volveré al Liceu… la agenda está bastante completa.
Trabajo garantizado, ¿qué le pides al nuevo año?
De alguna forma, creo que a nivel personal el año va a traer muchas satisfacciones.
En otro orden de cosas, creo que estamos en un momento político y social bastante complejo y lo que pido es serenidad para que las aguas vuelvan a su calma, y podamos pensar en cosas mucho más bonitas y culturales.
