el charco hondo

Casi todos cincuentones

Sencillamente, no es así. Exageras. Las cosas no han cambiado tanto, imaginaciones tuyas. O de aquel, que es un triste. O del otro, el que faltaba, que siempre fue un poco cenizo

Sencillamente, no es así. Exageras. Las cosas no han cambiado tanto, imaginaciones tuyas. O de aquel, que es un triste. O del otro, el que faltaba, que siempre fue un poco cenizo. Dramatizas, hazme caso. Vale que años atrás daba igual si jueves, viernes o sábado; siempre podíamos quedar, y queríamos. Cierto, es verdad que bastaba con que alguien lo propusiera, porque un par de horas después empezábamos a llegar para echarnos las primeras en lo que decidíamos dónde picar algo antes de pasar a las copas-copas. Y sí, eso sí, no te lo niego, nos plantábamos en las seis o siete de la mañana sin despeinarnos; bueno, a veces sí, en fin, dejémoslo ahí. Parece que fue ayer cuando, de amanecida, pedíamos donde siempre tapas de ensaladilla, bocatas de tortilla y de pata, el camarero miraba para la puerta esperando que entrara un ejército y teníamos que explicarle que era solo para nosotros, que no veníamos con otros veinte. Comíamos y bebíamos mucho más, está claro. Todo mucho más, sí; pero, vamos a ver, tampoco es que hayamos cambiado tanto. Vale que de cada quince veces que alguien propone quedar catorce se suspende porque estamos liados, uf, no puedo, tengo que, en principio sí, mejor otro día. O que, ahí sí te doy la razón, nuestras conversaciones y las que se escuchan en la sala de espera de reumatología se parecen tanto que son la misma. Cierto, es verdad que cenamos poco porque, uf, nos quedamos pesados, o que a la tercera copa somos la voz del spot de Carolina Herrera. Y no te digo que no sea así, que ni amanecemos, ni desayunamos, ni, ni, ni. Pero, con todo, y salvo alguna cosa, que diría Rajoy, estamos más o menos igual y las juergas, colesterol arriba, colesterol abajo, son como las de antes. Entonces, nos echamos unas copas o qué. Ah, que nos vamos ya porque mañana tenemos que, hay que, voy a, recojo, llevo, acompaño, pues, no me viene mal, porque tengo cosas que hacer y si sigo me voy a pegar el día arrastrándome. Adiós. Adiós. Te lo dije, como antes. Uf, es casi la una, adiós.

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