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Destrozar al rival

En la polémica periodística antigua, que se ha perdido desde hace tiempo, quienes disfrutaban eran los lectores, que veían cómo los periodistas, esos seres tan admirados y tan odiados, se destrozaban mutuamente

En la polémica periodística antigua, que se ha perdido desde hace tiempo, quienes disfrutaban eran los lectores, que veían cómo los periodistas, esos seres tan admirados y tan odiados, se destrozaban mutuamente. En las Memorias de César González-Ruano (Mi medio siglo se confiesa a medias), el escritor habla del siguiente tenor sobre un tal Martínez Arboleda, que era cartero de primer oficio y que escribía donde le dejaban. Dice Ruano: “Martínez Arboleda era un cartero enloquecido por la literatura y el socialismo que no acabó de digerir. Tenía un rostro abultado y un tanto cómico, narices enormes de borrachín y expresión casi tierna de padre de familia. Las extremidades más lejanas a esa cabeza le olían atrozmente, como si se hubiera podrido en ellas algún certificado”. Dios mío, qué horror de descripción, qué definiciones más demoledoras y qué crueldad para referirse al personaje, descuartizándolo. Termina diciendo que Arboleda mantenía un desdén terrible hacia los sablistas (los que daban tranques, por hablar en canario) y que los escritores sablistas lo desdeñaban a él y lo llamaban el Cartero. Las Memorias de González-Ruano, editadas por Renacimiento, son interesantísimas, porque nos retratan fielmente el paisaje y el paisanaje de la época en que vivió, el final de la monarquía de don Alfonso XIII, la república y muchos años de franquismo. Él mismo trató mucho al rey, exiliado en Roma, pero no pudo rehabilitar el marquesado de Casa-Cagigal a su nombre. Por cierto, uno de los marqueses de Casa-Cagigal, en la noche de los tiempos, fue gobernador militar de Canarias, o algo así, y tenía fama de cornudo. No sé si a César le dio tiempo de investigar el pasado de su marqués. Ya sé que divago, pero es que él también divaga en su relato, que estoy releyendo en estas fechas con verdadero deleite. Como salgo poco, disfruto y no soporto el tráfico de personas y coches.

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