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el charco hondo

Grado de simulación

Un par de domingos atrás, algunas páginas después de este charco hondo, se dijo, y reitera, que Coalición, con un buen puñado de simultáneas de ajedrez en su mochila, ha encontrado en Ángel Víctor Torres una pieza de enorme valor para la fase final de esta legislatura

Un par de domingos atrás, algunas páginas después de este charco hondo, se dijo, y reitera, que Coalición, con un buen puñado de simultáneas de ajedrez en su mochila, ha encontrado en Ángel Víctor Torres una pieza de enorme valor para la fase final de esta legislatura. Rebuscando en teorías ajedrecísticas apunté, y mantengo, que quienes sí saben de peones, caballos y reinas coinciden en que la torre debe guardarse para los últimos movimientos de la partida. CC olió la oportunidad, y la aprovechó. Alguien, solo o en compañía de otros, hizo llegar a Coalición que Ángel Víctor Torres se ofrecía como colaborador necesario en este tramo del cuatrienio; así la cosa, CC hizo lo que habría hecho cualquiera, esto es, trabajarse al recién aterrizado secretario general. Poco cabe reprochar a los nacionalistas porque si te ofrecen tirar un penalti a puerta vacía difícilmente vas a ponerte reacio o estrecho. Cosa diferente es lo de Ángel Víctor Torres. En el caso del secretario general socialista sí hay razones para afearle la conducta. Y no por su decisión o vocación (tan evidente como demostrable) de salir al rescate de CC, una opción tan legítima como cualquier otra. No es por eso, no. La boca de agua de Torres es otra. Su pecado es negarlo, simulación que tiene al partido a ojos de la opinión pública en el vacío que hay entre la realidad y la ausencia de verdad. Escribe Zarzalejos, y dice bien, que cabe admitir en la política un cierto grado de simulación, pero hasta ahí. Al secretario general de los socialistas canarios algún afín debería animarlo a abandonar su simulación para, acto seguido, defender limpia, legítima y fácilmente que cree que ir de la mano de CC es la mejor jugada para el PSOE (¿o para él?), de ahí que cambien de posición en según qué asuntos, buenas noches, y buena suerte. Así de sencillo. Al esconder su posición condena al partido a bajar la cabeza cada vez que intentan justificar lo inexplicable.

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