A perro flaco nunca le faltan pulgas. Tal cosa consideré cuando descubrí su reacción y vi la palabra escrita en su blog. Soy profesor y habría de explicar. De manera que a la estrechez de los bancos se unía la gripe H1N1, como si fuéramos cerdos. Solo nos queda respirar con mascarilla, le dije. “¡Exagerado!”, me respondió. ¿Qué tiene que ver los bancos y la gripe con que alguien escriba avión con h y con b? Se lo revelé: “¡No sabes tú qué significa tenerle miedo a esos artefactos!”.
Le comenté cosas sobre la ortografía del español. Es un idioma viejo y ser antiguo pesa. Eso proclama la Academia de la Lengua, beneficiosa en la mayoría de los casos, pero con reformas pendientes, como esa, la ortográfica.
El italiano o el portugués ya han hecho sus deberes; nosotros no. Por eso percibimos el desastre que percibimos en mensajes o en internet, seguimos escribiendo hombre con h, leemos vivir frente a beber o usamos las grafías g y j para el mismo sonido. Razonable sería un avance consecuente. No se mueven. Algunos de la parte de allá andan pendientes. Le recordé que los brasileños se adelantaron a los portugueses. Los lusitanos se enfadaron y ellos respondieron que copiaran su modelo; no les cobrarían derechos de autor.
“¡Ja, ja!”. Ni que fuera un escritor ese memo. Lo es. Y como se dio por aludida me habló de que nosotros no usamos la c ni la z e Hispanoamérica… ¿Entonces? Que haya reforma ortográfica no implica que cada cual se las componga por su cuenta. Existe el idioma en la escritura y lo que aquí falla (y cada vez con ejemplos más pavorosos) es la exigencia y la enseñanza. En fin, al lado del perro flaco vivía una evidencia que se multiplica con la ignorancia, cierto. Pero habría de persistir. Así que imaginé a nuestro autor (poeta florido, deduje), estampar las grafías en el papel antes de subir a la aeronave. A un individuo con tal pesar es imposible que esa palabra, así escrita, designe a una máquina que vuela sin que nadie sepa por qué demonios lo hace.
No es un simple fallo de ortografía considerar que avión está libre de la eminencia de la h y de la altura de la b. En esos casos, el “abróchense los cinturones que vamos a despegar” necesita de agarraderas, de la h de hombría (con sus derivados) y de la b de bendito con los suyos, no sea que el aparato se tuerza… Eso le ocurrió a nuestro escritor, le dije, por eso escribió la palabra así. Ella, la muy desconsiderada, se carcajeó.
