Que en Cataluña las llaves de la gobernabilidad del sistema hayan acabado en manos de quienes se han comprometido a destruirlo es una rareza colateral. Los de la CUP son solo un problema sobrevenido. Quienes sí estuvieron en el origen e incubaron este desastre fueron quienes, actores principales o secundarios de CiU, han acabado aplastados por el monstruo que amamantaron. Por acción u omisión, es la oligarquía catalana la responsable del ridículo en que han sumergido a Cataluña. Deseando que los decibelios del lío territorial silenciaran sus lodos judiciales, es cierto que en el PP lo dejaron correr; pero, aun pecando los populares de colaboradores necesarios, la responsabilidad principal de lo que probablemente no se resuelva con las urnas de mañana recae en la oligarquía catalana. El órdago los ha destrozado. Se pasaron de listos, y les salió rematadamente mal. Embarcados en el proceso independentista con el que CiU creyó que escaparía de sus urgencias judiciales y políticas, los poderes económicos catalanes creyeron que rascarían algo jugando a la ruleta rusa, y lo único que han conseguido es que la debacle reputacional de Cataluña acabe desvalorizando de sus negocios. Responden estos oligarcas (una versión defectuosa de sus predecesores) a la descripción que Dostoievski hace de su Aleksei en El jugador, al que las salas de apuestas le parecían sucias e indecentes pero no podía dejar de sentirse atraído por ellas, convencido de que su destino así lo había querido. Aunque la alta participación deja entreabierta la puerta a alguna sorpresa, es muy posible que mañana el país caiga en que el problema catalán no se deja desenredar con unas elecciones. Si se confirma que la receta electoral no ha sido suficiente para rescatar a Cataluña, España entera pagará durante meses (o años) la españolización del problema catalán o la catalanización de la política española. También pasará factura a Canarias. La mala racha de Alekséi la pagamos todos.
La mala racha de Alekséi
Que en Cataluña las llaves de la gobernabilidad del sistema hayan acabado en manos de quienes se han comprometido a destruirlo es una rareza colateral
