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el charco hondo

La rotonda del túnel

Kosovo proclamó unilateralmente su independencia de Serbia, Fidel Castro renunció a la reelección, Medvedev ganó las elecciones rusas, las FARC liberaron a Consuelo González de Perdomo y Clara Rojas, Heath Ledger murió con apenas veintiocho años por una sobredosis y Hugo Chávez envió diez batallones a la frontera colombiana. En 2008, año de la rata según el horóscopo chino, Obama se aseguró la candidatura demócrata a la presidencia, los piratas somalíes secuestraron un carguero saudita, Madoff confesó un fraude tan multimillonario como multitudinario, se detuvo a los etarras Portu y Martín Sarasola, los socialistas vencieron al PP por segunda vez consecutiva en las generales, se inauguró la Expo de Zaragoza y, entre otros hitos que merecen ser reseñados, también fue en 2008 cuando Ricardo Melchior rescató la idea de construir un túnel que permitiría ir de La Orotava a Güímar, y viceversa, en apenas cinco minutos. Melchior no fue el primero. En la década de los setenta ya se garabateaba con un proyecto que en los años 80 y 90 se desempolvó de forma recurrente, preferentemente cuando el olor a urna cargaba el ambiente. Ahora, siglos después de todo aquello, la alcaldesa de Güímar ha resucitado la idea. Con el túnel se acabarían los atascos del norte y del sur, ha dicho. Y claro, sin que haga falta entrar en las consideraciones medioambientales o complejidades técnicas, lo inmediato, lo segundo y lo tercero es preguntarse para qué perder una sola milésima de segundo sacando del baúl de los recuerdos un túnel que en los años 80 o 90 era una posibilidad, en 2008 una quimera y en 2017 una idea absoluta y completamente inútil porque nunca, jamás de los jamases, se contará ya con la financiación que requiere una obra de tal magnitud. Hay más. Si apenas hay músculo administrativo para proyectar, licitar y ejecutar la mejora de una rotonda, lo de resucitar el túnel es de traca.

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