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Mucho ruido

Parece que han bajado el tono los petardos navideños, horrible costumbre a erradicar por completo, pero lo que sí ha subido es el ruido de los coches, que es estruendoso porque el tráfico ha aumentado de una manera brutal y ya no hay carreteras para tanto coche y para tanta gente

Parece que han bajado el tono los petardos navideños, horrible costumbre a erradicar por completo, pero lo que sí ha subido es el ruido de los coches, que es estruendoso porque el tráfico ha aumentado de una manera brutal y ya no hay carreteras para tanto coche y para tanta gente. Una isla pequeña, con más de un millón de habitantes y 800.000 coches, autobuses y demás, se hace insoportable. Pero más insoportable es que no se haya planificado, en Tenerife, la red de carreteras y que las actuales se vean imposibilitadas para canalizar el tráfico horrendo, sobre todo en estos días de Navidad y año nuevo, cuando todo el mundo quiere hacer sus compras al mismo tiempo. La gente anda como loca, te empuja, se accidenta en las vías a causa de la prisa, los paquetes no caben en los carros, las personas van por la calle y por los centros comerciales aturrulladas, un lío. Yo ya no compro nada, pero así tengo tiempo para observar a quienes sí lo hacen. Se llevan de las tiendas las cosas más inverosímiles. El otro día había, en Alcampo, una cola de más de cincuenta personas para comprar, rebajada, una máquina para uno cortarse el pelo. Yo creo que la rebaja era de unos pocos euros, pero ahí estaba la multitud, dispuesta a todo. Unas cholas con piso de gel, que anuncian en TV, se convirtieron en oscuro objeto de deseo de otra multitud, en el mismo almacén. ¡Hasta yo piqué, contagiado de la presunta comodidad de la prenda! Demasiado ruido, que ya no aguanto, demasiado niño correteando por todos lados y dándote golpes con una mala leche tremenda. Qué va, uno no está ya para estas aventuras comerciales y es mejor quedarse en casa. Aunque si no salgo, me deprimo; a ver qué hago, de aquí a Reyes.

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