Esta es una Navidad chimba; no se puede ir en coche a ningún sitio. Por dos motivos, o porque hay demasiados coches o porque las carreteras son una mierda. Existe una tercera razón, que no encontramos lugares para aparcar, porque los ayuntamientos han dejado lo primero para lo último. Voy a poner un ejemplo. El único entretenimiento que tiene el automovilista en el Puerto de la Cruz es entrar por la calle Zamora, colapsar el pueblo, y salir por la calle Cupido, para huir. Miles y miles de individuos hacen cada día, sobre todo los fines de semana, esta ruta absurda, que no conduce a ninguna parte, sino a ver a la gente sentada en el Hannen, recorrer el lateral más feo de la plaza del Charco -bueno, más feo es el Dinámico- ver la puerta de Mango y poco más. En esto consiste el entretenimiento de los visitantes domingueros. Como no tienen dónde aparcar, pues hacen esa ronda y luego llegan a su casa agotados, pues tardan una hora en recorrer lo que normalmente se haría en tres minutos. Si llevas a la suegra en el asiento de atrás, el trayecto se hace realmente insoportable. Porque las suegras, por lo general, no tienen una conversación agradable, con sus honrosas excepciones. En esto se ha quedado el Puerto, porque al carecer de un comercio interesante -sólo se venden loros de fieltro en las tiendas- pues pierde atractivo por todos lados. El único centro comercial de la ciudad es una ruina y no hay sino comercios indios con Seiko. Y aquí se acaba la historia. Un día nos vamos a morir todos de aburrimiento. Porque tampoco podemos ir al muelle para ver llegar los trasatlánticos. Ni a cagar a la parada de las guaguas, cerrada desde Colón, así que ya me dirán. Vaya Navidad chimba, coño.
Navidad chimba
Esta es una Navidad chimba; no se puede ir en coche a ningún sitio. Por dos motivos, o porque hay demasiados coches o porque las carreteras son una mierda
