Addoor Sticky
superconfidencial

Sin apenas salir

Sin apenas salir de casa han pasado la Nochebuena y la Navidad. Han transcurrido las fiestas mientras yo leía

Sin apenas salir de casa han pasado la Nochebuena y la Navidad. Han transcurrido las fiestas mientras yo leía. La única licencia que me tomé fue abrir una botella de Imperial de 1975, que estaba delicioso, pero por la falta de costumbre apenas dormí la noche del 24 al 25 de diciembre. Es curioso: he perdido el gusto por el vino, por cualquier bebida alcohólica, y he vuelto a la coca-cola, pero a la zero. Todo lo que he leído en estas Navidades ha sido de González-Ruano, libros que he cazado en la madrileña Cuesta de Moyano, en un viaje ya lejano, y que había ido dejando en la mesilla. Leyendo al maestro de la crónica puedes convertirte, con suerte, en otro maestro de la crónica. Nadie hacía tan bien el relato de lo cotidiano como César González-Ruano, a quien conocí en el hotel Miramar, de Isidoro Luz, y vi cómo Baeza lo fotografiaba, con el propio Isidoro -que llevaba collarín- y el maestro Álvarez Cruz. Esa foto está publicada en uno de mis libros. Lejos de la mala educación y méritos de intelectuales dudosos, como Fernán Gómez, César era educado y pulcro y, como Umbral, tampoco entró en la Academia. Las academias sólo quieren mediocres -con honrosísimas excepciones-, para que no se les conviertan en críticos y revolucionen lo establecido. Es tan viejo como las propias academias. ¿Cómo se explica que Umbral y Ruano no haya sido miembros de la Española de la Lengua? Esto me hace pensar que la verdadera academia, en el caso de los intelectuales, es la calle, el libro y el periódico, no la institución. La intelectualidad oficial siempre ha sido, en sí misma, una mierda, pero yo no vine aquí a hablar de eso, sino de la Navidad que no tuve. Así que ustedes perdonen.

TE PUEDE INTERESAR