domingo cristiano

Un gota de misterio

La anécdota se la cuenta el propio José Luis Garci a mi compañero y excelente periodista Pedro Simón

La anécdota se la cuenta el propio José Luis Garci a mi compañero y excelente periodista Pedro Simón. Recuerda el afamado cineasta y literato: “Tengo la sensación de que hay algo. Una vez, tomándome un martini con Severo Ochoa en los Premios Príncipe de Asturias, me dijo: «Desengáñate, somos física y química». Y yo le contesté: «Naturalmente, pero con una gota de misterio»”.
Es curioso. Los que hemos estudiado Teología y aquellos hombres y mujeres que son verdaderos teólogos nos pasamos la vida intentando acertar con la mejor forma de contar quién es Dios y por qué es relevante conocerloy amarlo. Claro que esa pretensión está muy condicionada por nuestra propia experiencia de Dios que, bien sea que la cuidemos o que la maltratemos, definirá nuestro discurso.

Hay ocasiones en que uno oye a alguien hablar de Dios y no acierta a entender de dónde saca semejante cúmulo de barbaridades e invenciones. Hay quien se refiere al Absoluto, a sus planes y a su voluntad,y en realidad está proponiendo un reflejo de sí mismo y de sus mediocridades. Siento muchísima desconfianza de quienes están completamente seguros de cuál es la voluntad de Dios en cada momento, de quienes se arriesgan a descender hasta el detalle más nimio y pretenden presentarlo como voluntad divina. Uf, me dan mucho yuyu.

Los teólogos realmente grandes y los verdaderos hombres y mujeres de fe no actúan así. Poseen un esqueleto sereno y firme de lo que creemos y, precisamente por eso, saben que hay que dejar la puerta abierta al misterio. A esa gota de misterio de la habla Garci. Un verdadero creyente sabe que -más allá de la Tradición, las normas, las reglas, las costumbres, las fiestas, las celebraciones…- más allá de nuestra tendencia a encajar a Dios en moldes humanos, más allá está la gota de misterio que hace del ser humano un punto de encuentro con el Señor. La misma gota de misterio que permite a Dios ser Dios, y no una invención nuestra.

Somos infinitamente más de lo que aparentamos. Jamás nos saciaremos de dar respuestas a la cuestión de nuestros orígenes y nuestro destino. Nunca dejará de sorprendernos lo que intuimos de nosotros mismos y de cuanto nos rodea. Es posible que ciertas ideologías y algunos grandes de este mundo (esos que, más que vivir, reptan) nos contagien por momentos la sospecha de que somos nada, una triste aventura química condenada a agotarse en sí misma. Pero nuestras entrañas hablan otro lenguaje cuando se les deja expresarse.

Hoy es Nochebuena. Noche de paz para todos, aunque anestesiemos un tanto su original grandeza con los ritos buenos y familiares que el tiempo nos ha ido invitando a repetir. Pero, en medio de la noche santa, que no falte un suspiro añorando la hondura de este misterio. Que en esta noche cálida no falte un escalofrío en lo más íntimo, allí donde sembró Dios las ganas de mirarle a los ojos. Ojalá que compartamos, al menos por un rato, el desasosiego de quienes se inquietan porque lo más urgente nos esconde lo único importante.

Feliz Navidad, amigo lector. Compartimos una gota de misterio que nos hace más hermanos que los que tienen la misma sangre. Una gota de misterio que tiene nombre propio y que la noche santa grita como una provocación: Dios se ha hecho hombre en Jesús. Y por eso ya no es tiempo de melancolías, sino de experiencia.

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