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el charco hondo

Un precio razonable

El procés, hijo de una pésima jugada de la oligarquía catalana, y también de la calculada inacción del PP, ha provocado que la realidad publicada, los focos y las conversaciones de bar hayan pasado meses monopolizados por la ruptura o no de España

El PP lo ha pagado en Cataluña, sí, pero el precio ha sido razonable. El procés, hijo de una pésima jugada de la oligarquía catalana, y también de la calculada inacción del PP, ha provocado que la realidad publicada, los focos y las conversaciones de bar hayan pasado meses monopolizados por la ruptura o no de España. Separatistas y separadores lo han ocupado todo, dejando fuera de plano las visitas al juzgado de los dirigentes del PP, sus idas y venidas en furgonetas de la Guardia Civil, sus cuentas corrientes y porcentajes, las crónicas de sus fechorías o las vergonzantes grabaciones de según qué conversaciones telefónicas. Han pagado un precio por tener al país distraído con Cataluña, sin duda, pero razonable. Sacrificado por la tribu, a Albiol algún día el partido le regalará, en agradecimiento por los ridículos prestados, una secretaría de Estado. Que nadie llore por él. Tampoco por el PP. Ya eran una anécdota en Cataluña; ahora han pasado de testimoniales a insignificantes, eso es todo. El PP pierde ganando. Ha ganado tiempo en el resto de España, y lo ha conseguido escondiendo sus miserias judiciales detrás de la cortina catalana. Pensaban convocar elecciones generales y ya no, eso sí, porque ahora tendrán que esperar a que baje la ola de Arrimadas. El PP ha despertado en Cataluña del sueño de volver al pasado perfecto de las mayorías absolutas. Será con Ciudadanos o no será, y será con Sánchez enterándose ahora, tarde, y mal, de que a los socialistas se le escaparán los votos hacia Ciudadanos y no solo por la izquierda. El procés ha muerto. Una mayoría no independentista habría permitido incinerarlo de inmediato; pero, al no lograrlo, el cadáver tardará meses (o años) en ser enterrado y su descomposición seguirá desvalorizando a Cataluña. Acaban las elecciones, pero ni los procesos judiciales ni el 155, así que los independentistas se limitarán a gobernar, a amarrar sueldos, despachos y presupuestos, y a jugar a la república igual que los niños juegan a los médicos. También ellos han pagado un precio, sí, pero igualmente razonable. El PP y los independentistas seguirán gobernando: los culpables del desaguisado pierden ganando. Cataluña tardará décadas en volver a ser lo que fue. Qué pena.

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