Se equivocan los que dicen que hablar del tema catalán es una cortina de humo para ocultar la corrupción del PP. Al fin las encuestas le anuncian la pérdida de la primera posición en unas posibles elecciones y hasta puede que sea superado por el PSOE, y pasaría a ocupar la tercera plaza. No siempre aciertan los adivinos y, menos aún, los estrategas de la política. A pesar de todo ello, los populares tienen una implantación muy generalizada y uniforme que les permite seguir estando presentes en el poder territorial y local. La mayoría de los ciudadanos de este país no se mueven al son de los argumentarios de los partidos, porque todo eso queda en casa, en Facebook, en los taxis y en la barra del bar, donde siempre existe la oportunidad de ser contestado.
Es cierto que la corrupción es uno de los principales temas que preocupan a los españoles, según los sondeos, pero, igual que la gripe, se reparte uniformemente, de manera que a cada uno le toca su parte, en función del medio de comunicación afecto que se haga cargo de difundir la noticia. Todo parece jugarse sobre un enorme tablero de ajedrez y el juicio del caso Palau, según los agoreros, servirá para tapar algo que todavía no sabemos lo que es. Le preguntaremos a Albert Boadella, que sabe mucho de teatro. Todo se desvanece y se diluye igual que la nieve que se derrite en la autopista de peaje y nos hace olvidarnos de las recientes peticiones de dimisión. Las cortinas y los telones se levantan cada día en los escenarios para poder ver la misma función y, de vez en cuando, un estreno. El clima ha pasado a ser uno de nuestros tormentos informativos habituales, elevando lo que es corriente a una circunstancia excepcional y alarmante. Tan pronto llueve o relampaguea como aparece la sequía y el calor insoportable. Se quejan los agricultores y se alegran los hoteleros. La única novedad es que la normalidad ha pasado a ser una importante noticia. Se recrudecen los efectos del cambio climático y el fin del mundo está cada día más cerca: como siempre. Curiosamente, nadie llama cortina de humo a esta circunstancia.
Lo bueno que tienen las tormentas es que tras ellas viene el anticiclón y volvemos a ver el cielo azul. El viento se lleva algún tejado y hasta vuelan las mesas y las sillas de las terrazas, pero al día siguiente estarán de nuevo llenas de jarras de cerveza. En Cataluña casi todos aseguran que acatarán las leyes. Algunos siguen hablando del mandato de las masas a las que previamente han preparado para que les exijan determinados comportamientos. Quiere esto decir que si han delinquido lo han hecho en nombre del pueblo que los ha elegido para eso. Todo está arreglado. En el Liceo se representará una vez más El buque fantasma del maestro Wagner y El holandés errante, que es ese gran mito del condenado a no poder arribar a ningún puerto, seguirá en busca de Pandora, a cuyo amor nunca más podrá regresar. El 155 se convertirá en una rima fácil y todo retornará a la normalidad, con cortinas de humo o sin ellas, porque lo bueno que tienen los telones es que, cada cierto tiempo, se levantan y nos hacen ver la verdad, o la ficción, que se representa en la escena. Mientras tanto, un grupo nuevo por el que nadie daba un duro, y no perdía el tiempo hablando de cortinas ni de escondites, ha terminado siendo la primera fuerza en Cataluña y, si nadie lo remedia, también lo será en España. No tiene nada de extraño que esto ocurra, porque son soluciones que ya han aparecido en Europa, y nosotros, aunque a algunos les pese, somos europeos. Donde no se ha producido una gran coalición, como en Alemania, han surgido soluciones alternativas que huyen de los tradicionales enfrentamientos del bipartidismo y, a la vez, son capaces de domesticar a los nacionalismos y a los populismos. Es lo que se anuncia en nuestro país, y esto quiere decir que estamos en la onda.
