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Impacto

Quizá coincida con el crecimiento en ventas de este periódico, pero estoy realmente asombrado de la repercusión que tiene lo que escribo aquí, aunque esté mal que yo lo diga

Quizá coincida con el crecimiento en ventas de este periódico, pero estoy realmente asombrado de la repercusión que tiene lo que escribo aquí, aunque esté mal que yo lo diga. Jamás había sentido que era tan seguido por los lectores. Cada vez que salgo a la calle -aunque créanme que limito muchos mis excursiones urbanas- la gente me para para comentar lo que escribo en esta sección y en los reportajes que otros días de la semana publico en este diario. El impacto, o quizá la repercusión, de mis crónicas supera lo esperado por mí y eso me agrada porque uno, aunque viejo, conserva intactas sus vanidades. Y como siempre estoy contando las cosas que me ocurren, el mundo mundial está enterado de lo que hago y dejo de hacer, de dónde estoy y a dónde voy, a decir verdad a pocos sitios. Cada vez a menos. Yo creo que lo que tenía que viajar ya lo hice y ahora donde me siento bien es en mi casa, a resguardo de este frío que se me mete en los huesos. Yo no sé cómo la gente puede vivir, un suponer, en Moscú, en Londres o en Madrid, con ese pelete que se te mete en los huesos y no te deja tranquilo. Mi único problema es lo poco que duermo, y a deshora, aunque esto me permite cierta lucidez a la hora de transmitir a ustedes lo que quiero. Porque la anarquía de mi sueño me aporta ráfagas de ocurrencias y me trae recuerdos que la rutina impide refrescar. Así que esta especie de cambio de hábitos y horarios me hace estar viviendo unos días diferentes. En fin, que la rutina se ha convertido en novedad y los días ya no parecen los mismos, sino otros. Tampoco espero que ustedes lo entiendan.

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