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Los periódicos se hacen solos

En el librito de Julio Camba titulado Maneras de ser periodista se contiene un artículo que se titula Los periódicos se hacen solos. Julio Camba era un tipo genial y, para algunos, el mejor articulista de la historia en lengua castellana. Cuenta que en uno de los periódicos en los que trabajó, nadie daba golpe. Los periodistas se reunían cada noche en una larga mesa, a hablar, a discutir, a tomar litros de café y a comentar la actualidad. De vez en cuando, el regente de talleres llegaba y gritaba: “¡Faltan dos páginas!”. Y los periodistas seguían a lo suyo. Al rato, ya a las tres de la madrugada, regresaba el regente de talleres y volvía a gritar: “¡Faltan tres columnas, tres columnas!”. Y los periodistas seguían fumando, tomando café y discutiendo las noticias del día, hasta que el bueno del regente subía de nuevo desde los talleres y gritaba: “¡Ya está”. Naturalmente, alguien escribía lo que los periodistas discutían en la mesa, pero parece que nunca se supo quién. Camba atribuía el curioso hecho a dos factores: uno, que el público no necesita para nada los periódicos; y dos, que los periódicos no necesitan para nada a los periodistas. Cuando la bendita Transición, un infiltrado del Partido Comunista perpetró una huelga salvaje en este periódico, sin motivo alguno. Estábamos en 1976. Yo no seguí la huelga, porque me parecía injusta, y con un grupo de amigos, reforzados con alguien de la calle, sacamos el DIARIO con dos cojones. Me tacharon de esquirol, la Asociación de la Prensa me declaró persona non grata por no apoyar la huelga y meses después me nombró su presidente. Paradojas y contradicciones de la vida. Pero es verdad que los periódicos se hacen solos, como decía el genial Julio Camba.

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