el charco hondo

Miraflores

En el área de Patrimonio del Cabildo hay quienes, por lo que parece, no han pasado por Miraflores, en Santa Cruz, hace una, dos, tres o cuatro décadas

En el área de Patrimonio del Cabildo hay quienes, por lo que parece, no han pasado por Miraflores, en Santa Cruz, hace una, dos, tres o cuatro décadas. Algunos responsables políticos y técnicos de dicho departamento no deben haber asomado por allí durante los veinte, treinta o cuarenta años que seis edificios de la zona han estado pudriéndose por dentro y por fuera, protagonizando así un triste proceso de descomposición arquitectónica solo comparable a la sinrazón de tamaña parálisis urbanística. Quienes tenían algo que hacer, o decir, se han limitado de siglos a esta parte a mirar hacia otro lado, dejándolo estar, rindiéndose sin intentar siquiera evitarle al centro de la ciudad una imagen incalificable, o mejor sí, patética. Será que no han pasado por allí de toda una vida a esta parte, y así podría explicarse que después de tantas décadas dejándolo correr, y caer, ahora decidan torpedear la imprescindible regeneración de la zona considerando que eternizar el bloqueo es el camino para proteger el valor histórico-patrimonial de esos seis inmuebles. En 2007 y 2010 ya apuntaron maneras, y los resultados de su intermitente sensibilidad están a la vista: basta pasarse por allí y echar un vistazo. Muestra de la arquitectura de la primera mitad del siglo pasado (a secas, sin voladores), estos inmuebles no se protegen alargando su degradación a golpe de informes tardíos sino poniéndose manos a la obra para sacar a la zona del bochorno. En ocasiones, como ésta, el patrimonio se protege mejor permitiendo que se invierta; cualquier cosa menos sembrar otros cinco, diez o quince años dejando caer sobre las aceras los huesos de los edificios. Si proteger el patrimonio histórico consiste en que los inmuebles terminen de caerse bueno será que la ciudad se proteja de quienes protegen. Proteger para dejar caer no es proteger sino bombardear la lógica urbanística y el normal desarrollo de Santa Cruz. Inciden los técnicos en la posible existencia de elementos de interés en el interior de esos edificios. Dejémoslo ahí. Se ve que hace una, dos, tres o cuatro décadas que no se acercan por allí. El valor de Miraflores pasa por poner la zona en valor, en ningún caso la solución es eternizar su agonía.

TE PUEDE INTERESAR